con Oaxaca en Quintana Roo
J.L. Austin, autor del libro “¿Cómo hacer cosas con palabras?” es uno de los teóricos más importantes de la comunicación, plasmó en papel y explicó lo que muchos ni siquiera se han detenido a pensar; por ejemplo, por qué cuando está sentado frente al televisor viendo un partido, digamos Pumas-América (para hacer más profundas algunas heridas) y el centro delantero se acerca a la portería del equipo contrario usted grita ¡gooooooool!, con todas sus fuerzas y su pasión?. Simple, lo explicó él, J.L. Austin: porque usted quisiera hacer cosas con palabras, quisiera que el jugador metiera el balón y anotara un tanto para su equipo.
Eso mismo le pasa a Vicente Fox, el presidente ya ausente de México, Vicente Fox ha dicho no una, sino varias veces que el problema de Oaxaca es local; una y otra y otra vez, el esposo de Martita ha repetido “Oaxaca es un problema local, Oaxaca es un problema local, Oaxaca es un problema local”. Y sí, él ya hizo cosas con palabras, ya se convenció que así es, que Oaxaca es un problema local; el inconveniente es que sus palabras no fueron suficientes para hacer cosas y Oaxaca ya salió de Oaxaca.
Pero Oaxaca salió de Oaxaca no hace unos días, salió desde hace meses, y para los periódicos más importantes del mundo ello no ha pasado desapercibido, todos le han dado espacio en sus páginas: The Washington Post, The New York Times, Los Angeles Times, The Miami Herald, The Chicago Tribune, The Guardian, The China Post, Le Monde, Le Figaro, El País, y agregue a la lista el medio impreso o electrónico que quiera; allí estará Oaxaca; en BBC News, en CNN, en O Globe, en donde se le ocurra.
Y Oaxaca también ya está en Quintana Roo, integrantes de la APPO llegaron hace unos días trayendo un mensaje: la “insurrección pacífica está por comenzar”. Poético: insurrección/ pacífica; una verdadera figura retórica, una antítesis. Si es insurrección no es pacífica. El gobernador del estado Félix González Canto no respondió con poesía, no dejó duda y no dudará (según alcanzo a ver) en hacer respetar la ley echando mano de eso que se llama fuerza pública, si se requiere. Aunque, a decir verdad, tampoco creo que se requiera; no en Quintana Roo.
Sin embargo, aunque Oaxaca parece lejos, es necesario recordar que no lo está tanto, y que no es un problema local. Oaxaca parecía un problema “controlado”, si se me permite el adjetivo, porque se pensaba que existía una dirigencia, pero esa creencia terminó con las votaciones para decidir sobre el regreso a clases.
En ese intento por regresar a las aulas salieron los varios oaxacas, asomaron los radicales y los ultras, en un conflicto en el que no se ven medias tintas; en lugar del tan esperado consenso para retomar las clases aparecieron las brigadas que ‘recorrerán’ el país entero, y salieron también las 72 horas que empezaron a correr desde el martes para que el gobernador Ulises Ruiz entregue su ‘licencia’, es decir, para que se vaya.
El nuevo lema de los maestros oaxaqueños es “Si Ulises no se va Calderón no pasará”; sin duda estamos ante un momento decisivo, la radicalización de un movimiento de por sí radical es una muy mala señal para el nuevo gobierno y para todos nosotros, para el país. El ofrecimiento de un sector del movimiento a López Obrador de entregarle el Palacio de la capital oaxaqueña para que instale allí su gobierno alterno también es grave.
Más allá de las razones económicas y sociales, el movimiento en Oaxaca no ha sucumbido porque, parafraseando el “todos somos Marcos”, en ese estado de la República “todos son maestros”, es decir, todos tienen un primo, un hermano, una madre, un tío, un alguien que se dedica a la noble profesión de la enseñanza; entonces por más absurda y radical que pueda tornarse la insurrección, será difícil que pierda el apoyo.
Hoy, Emilio Gamboa, el coordinador de la bancada priista en la Cámara de Diputados afirmaba que Oaxaca ya había llegado a su límite. Posiblemente sí, posiblemente no. El México de los números macroeconómicos es distinto después de Oaxaca. Nadie, nunca imaginó que el conflicto se prolongaría por tanto tiempo, y tampoco nadie pensó que llegaría una “representación” de éste a Quintana Roo.
Los jóvenes oaxaqueños que hoy llegaron tarde a la cita en Playa del Carmen, porque los dejó el ferry de Cozumel, me recordaron a los protagonistas de la película "Cuatro días en septiembre" del director Bruno Barreto. La cinta brasileña, (ampliamente recomendable) trata sobre el secuestro de un embajador norteamericano en los años 70. Ojalá sea ésta una mala comparación.
El Festival de cine, casi bien
Un aplauso para los organizadores del Riviera Maya Underground Film Festival. El evento estuvo casi bien; casi bien porque las “tres directoras” (una de las cuales se 'quejó' con el presidente municipal, Carlos Joaquín González, “porque se olvidaron de ella”), debieron hacer caso a sus profesores cuando les hablaban de planear, organizar y revisar; de haberlo hecho, no les hubiera fallado el equipo de sonido, tampoco se hubieran retrasado las exhibiciones por falta de pericia en el manejo de los proyectores.
Igualmente, si en lugar de “tres directoras” hubiese habido sólo una, las cosas habrían ido mejor, pero vivimos en el país donde todos quieren ser directores, gerentes, coordinadores, jefes, etc., y al final sólo terminan pareciendo lo que no son. Pasando por alto lo anterior, reitero el aplauso, y que sigan los eventos culturales y no los eventos políticos disfrazados de culturales







