Para los mayas, nada
Como si se tratara de una consigna, casi con placer, un medio de comunicación anunció que al alcalde de Felipe Carrillo Puerto, Eliseo Bahena, “se le cebo el negocio”, es decir, la pretendida venta de alrededor de 50 mil metros cúbicos de arena que el huracán Dean dejó en las playas de Punta Herrero, y que el edil pretendía comercializar para obtener recursos por aproximadamente 30 millones de pesos, que, según dijo, destinaría para la reconstrucción de viviendas.
Días antes de que la Secretaría de Infraestructura y Transportes (Sintra) diera a conocer que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) le había otorgado permiso para aprovechar la arena que el edil carrilloportense comercializaría, el subsecretario de Infraestructura Turística de la Secretaría de Turismo, Humberto Vidal Russi, aseveró que ni la dependencia estatal ni las constructoras, pagarían por adquirir el recurso natural al municipio de Carrillo Puerto, “ya que son recursos de todos los mexicanos”, se llenó la boca diciéndo el funcionario.
El mismo Vidal Russi que no se atrevería a lanzar ni con la más tibia voz esa consigna si se tratara de los hoteleros que tienen cancelados los accesos a la playa para los cancunenses de a pie. Pero como se trataba de un municipio maya, se vale quitarles y negarles, porque para los mayas nada. Lo ha dicho y lo ha repetido Jesús Almaguer, el presidente de los hoteleros de Cancún.
Aunque eso sí, hace unas semanas, el gobernador, Félix González Canto, y algunos diputados llegaron al centro de Felipe Carrillo Puerto, como cualquier empresa de espectáculos, a montar un escenario para designar a este municipio como “Capital de la cultura maya”.
Con la misma actitud de desprecio con la que hoy actúan las dependencias felixistas, ese 12 de septiembre llegaron a ‘conquistar’ el municipio maya, a tender su tinglado sin invitar a los de casa. Y es que, para la mala fortuna de los indígenas mayas, esta demarcación municipal es perredista (en el pecado llevan la penitencia, dirían algunos), es el único municipio de Quintana Roo no priista.
El día de la pomposa declaratoria, el gobernador de Quintana Roo se hinchó los pulmones con un estridente discurso: “Que esta declaración sea un memorable principio para hacer las cosas que tenemos que hacer, de una vez por todas, para retribuir a los herederos de la cultura maya, quintanarroenses incansables, por lo mucho que trabajan cada día. Tomemos de los mayas la fuerza y la decisión con la que libraron la Guerra de Castas, sin doblegarse jamás”.
Todo quedó en eso, en palabrería. El acto se terminó, la lluvia mojó el escenario, los diputados, los aplaudidores y el Gobernador se fueron, y se quedaron los mayas igual que siempre, rumiando su pobreza, y resistiendo la nueva Guerra de Castas.
Pero ésta, no es la primera vez que desde el gobierno federal y estatal le niegan a los mayas lo que sea.
Además del actual conflicto que cientos de ejidatarios mantienen con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) por la pretensión de esta dependencia de pagarles unos miserables pesos su tierra para la construcción de la carretera Tulum-Cafetales; no sobra recordar que luego del paso del huracán “Wilma”, la Secretaría de Desarrollo Rural (Sedari), se negaba a reconocer la afectación que sufrió el campo carrilloportense, porque los analfabetas mayas no habían contado bien las hectáreas dañadas y estaban pidiendo a destiempo los recursos.
En aquella ocasión, los herederos de la Guerra de Castas tuvieron que retener al propio titular de la Sedari y a otros funcionarios para obligarlos a entregarles recursos, sólo así, el generoso gobierno de González Canto abrió sus arcas.
En el reporte para el FAPRAC, el equivalente al Fonden para el campo, Carrillo Puerto aparecía con una afectación de 7 mil 760 hectáreas, por las cuales recibirían los campesinos 6 millones 208 mil pesos, de los cuales, sólo 1 millón 862 mil serían aportados por el estado y el resto por la federación.
Luego del segundo recuento y de la presión ejercida por los indígenas, se estableció que la afectación total fue de 29 mil 234 hectáreas, pero como el FAPRAC ya había cerrado su procedimiento, el gobierno estatal tuvo que entregar, muy a fuerzas, 23 millones 387 mil pesos.
Y si “Wilma” dejó afectaciones a la zona maya de Carrillo Puerto, la más grande de todo el estado, (56 por ciento de su población se ubica en el ámbito rural, según la propia Sedari), el huracán “Dean”, de agosto pasado, devastó buena parte de las viviendas, los cultivos y los apiarios.
Y si el presidente municipal Eliseo Bahena tenía la esperanza de que ahora sí los boyantes destinos turísticos Cancún o Riviera Maya “le retribuyeran a los herederos de la cultura maya” algo, pues, como dijera un periódico de circulación local, “se le cebó”.
Más allá del fashion y el marketing turístico maya y de las declaratorias que convierten a los indígenas en la noticia del día, hoy, como desde la Guerra de Castas, para los mayas, no hay nada, nada más que miseria.
Una preguntita
¿Por qué los extranjeros siguen viniendo a México a menospreciar a los mexicanos?.
¿Por qué el buzo Christian Redl, quien primero solicitó al Fideicomiso de Promoción Turística de la Riviera Maya y a otros patrocinadores locales que lo apoyaran y dieran seguimiento a su segundo récord Guiness en un cenote de este destino turístico, a la mera hora sólo invitó a la prensa internacional y dejó fuera a los medios de comunicación locales?.
¿Será acaso porque Christian Redl es austriaco, rubio, de ojos azules y de casta superior, y los periodistas de Quintana Roo somos morenitos, feitos y no speak english?







