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Caso Free Bronkhorst, de una mala noche de copas a asunto internacional

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Lo que pudo terminar en una simple mala noche de copas, se está convirtiendo en un asunto internacional, luego de que ayer, Ana Fernanda Villaplana Díaz, madre del holandés Free Bronkhorst, preso en Cancún, procesado por lesiones calificadas en agravio de Iván Ferrat Mancera, hermano del diputado local Alain Ferrat Mancera, sufriera un intento de secuestro.

Villaplana Díaz, española, naturalizada holandesa, inició una férrea defensa de su hijo, y difundió un video que es contundente: el que inició la agresión fue el hermano del diputado Alain Ferrat Mancera.

Apoyado por el influyentismo político del diputado Alain Ferrat, su hermano Iván denunció los hechos cambiando totalmente la versión, y en cuestión de días, la justicia, nunca rápida ni expedita, ya tenía al holandés Free Bronkhorst, en la cárcel de Cancún, apoyado por un sistema judicial corrupto, y a modo.

Esta no es la primera vez que la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) se ve envuelta en un escándalo por su incompetencia y por sus prácticas antihigiénicas, de hecho son varios los casos pendientes, en los que han estado involucrados extranjeros, y que han quedado impunes; como el de la israelí, Dana Rishpy y el del matrimonio italo-canadiense Ianiero, jamás resueltos; al que se suma el de la turista escocesa, Julia Howard, desaparecida del hotel Moon Palace.

En esos casos, las víctimas están muertas y no pudieron hablar, pero en éste, las víctimas están siendo doblemente victimizadas, ahora por las propias instituciones, por un sistema de procuración de justicia y un sistema judicial podridos, y por una familia de peligrosos delincuentes, la de Alain Ferrat Mancera, a la que no se le puede acusar de otra cosa, sino de terrorista, pues llegar al extremo de intentar secuestrar a una mujer por exigir justicia es un acto que rebasa todos los límites de la normalidad humana, que se inscribe en el plano de la maldad más miserable y condenable, de la falta de escrúpulos pocas veces vista, que llega al grado más alto de la enfermedad de poder, un poder que se intenta ejercer por cualquier método por cruel que sea.

Si alguien aún gobierna en este estado, se debe poner un límite inmediato y una solución inapalzable a este asunto. Pedir que el hermano del diputado se desista de su absurda, dolosa y mafiosa denuncia, yo creo que es más que pedir un milagro, porque ese tipo de gente se encuentra fuera de la esfera humana, así que será mejor exigir a las autoridades que se tomen el caso con seriedad, y a los partidos políticos que no se les vuelva a ocurrir inscribir en sus listas de elección a nadie que se apellide Ferrat Mancera, porque no sólo será un agravio y una demostración de extremo cinismo, sino una ofensa a la más elemental dignidad de los electores.

Igualmente, a los Ferrat Mancera, a la PGJE y al sistema judicial de Quintana Roo, se les debe exigir el pago de daños y perjuicios a la imagen de Cancún, porque el tema difícilmente quedará en la historia o en el olvido, porque como ya dije, aquí las víctimas están vivas, y esperemos, que no se callen, ni por las amenazas ni por las presiones de la delincuencia común o de la delincuencia institucionalizada.

El caso de Free Bronkhorst podría sumarse al de Simone Renda, el italiano muerto, por negligencia, en los separos municipales de la Riviera Maya, y que requirió de la intervención diplomática para poder resolverse, por medio de una millonaria indemnización para la familia. Pero insisto, aqui los agraviados siguen vivos, y lo importante es, primero, protegerlos de las agresiones que pongan en riesgo su vida, y segundo, exigir justicia.


El gobernador y sus encantadores

La propuesta de incrementar de 2 al 3 por ciento el Impuesto sobre hospedaje (ISH) que hiciera el gobernador Félix González Canto, no ha caído nada bien entre la clase empresarial, que asegura, con razón, que la industria no está para aguantar más alzas en los impuestos, luego de la crisis económica mundial y del brote de influenza que, literalmente, remató a este sector.

De manera clara, y contundente el presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún (AHC), Rodrigo de la Peña, la presidenta del Consejo Coordinador Empresarial, Cristina Alcayaga, y la presidenta de Clubes Vacacionales, Miriam Cortes, han dicho que no es el momento de elevar impuestos.

De la Peña ha declarado que el tema no está ni siquiera a debate: "no hay nada que discutir, ni analizar, sino más bien, fijar una postura y ésta es no aceptarlo", aseveró el representante de los hoteleros. Más aún, porque el gobernador González Canto, habla de que los 140 millones de pesos que se calcula se recaudarán con el incremento podrán apuntalar las obras sociales que requiere el estado.

Los empresarios han dicho doblemente no. La razón es que cuando el entonces gobernador Mario Villanueva Madrid creó el ISH, lo hizo con el fin de tener recursos para la promoción de los destinos turísticos de Quintana Roo, y no para destinarlos a obras sociales o públicas.

De la captación del dos por ciento del impuesto sobre el hospedaje, el 80 por ciento se destina a los fideicomisos de promoción turística, y el 20 por ciento a los municipios, para que realicen obras de mejoramiento de infraestructura turística, lo cual con frecuencia no hacen. De allí que el sector empresarial recibió con sobrada molestia la propuesta del Ejecutivo estatal.

Por su parte, Jesús Almaguer, el director general de la Oficina de Visitantes y Convenciones (OVC) de Cancún, ha preferido ser cauteloso en sus declaraciones, y aunque, como hotelero aún vinculado con la cadena Oasis, sabe que se trata de una propuesta no sólo impopular sino difícil de sostener, su cercanía con el Gobernador, lo han llevado prácticamente a aceptar la medida. El único pero que pone, es que dichos recursos no se orienten al gasto social, sino a su objetivo primigenio: la promoción.

Jesús Almaguer no puede decir otra cosa, no puede decir que no, porque muchos favores le debe a la clase política, por ejemplo, al ahora diputado federal Carlos Joaquín González, que cuando fungió como alcalde de Solidaridad, no acató las órdenes de un juez federal para recuperar un área pública de la que se apropió el hotel Oasis Akumal; y no lo hizo porque Almaguer es un hombre cercano al Gobernador de Quintana Roo.

Por cierto, los hoteleros de Oasis interpusieron un recurso en contra del Programa de Desarrollo Urbano de Akumal, el cual no se puede aplicar pues está en controversia legal, porque si bien el entonces alcalde de Solidaridad no acató la resolución de juez y restituyó a la comunidad la calle que mantiene ocupada el Oasis Akumal, tampoco se la dio por completo a este centro de hospedaje, lo que causó la inconformidad de los invasores españoles.

Por esas "relacioncillas turbias" es por lo que Jesús Almaguer no puede renegar ni rechazar la iniciativa que sangrará a un sector todavía alicaído.
La propuesta del Gobernador de obtener recursos de los hoteleros, sin duda sorprende, y parece una medida desesperada por contar con una "caja chica". Pero cómo justificarla, si en la anterior Legislatura, en el 2007, cuando Manuel Valencia Cardín era diputado convergente, propuso que el 15 por ciento del total del ISH se destinara a las comunidades mayas, la propuesta fue rechazada, y no encontró, en aquel entonces, ningún apoyo por parte de González Canto.

Dirá el Gobernador que eran otros tiempos, que no se enfrentaban recortes federales, que la recaudación de impuestos era regularmente sana, que las comunidades mayas no la necesitaban, que era más importante la promoción que otra cosa, etc., etc., etc. Cualquier cosa o todas podrá decir el Gobernador, aunque hay una que es obvia, y es el adelanto del proceso electoral, lo que siempre requiere de millonarios recursos.
En mala hora llegó el proceso de sucesión, porque ciertamente la mayoría de entidades federativas contarán con menos dinero, y en aquéllas donde se realizarán elecciones, el escrutinio social será mayor.

A Félix González ya se le ven pies; él está pero ya no está, y tiene casi encima no sólo el proceso electoral con sus múltiples interesados; su delfín; y su tercera opción. También tiene sus sueños guajiros, sus aspiraciones.

En una relación un poco patológica, o como de cuento de las Mil y una noches, con serpientes y encantadores, no se sabe si Félix González Canto ha convencido a los empresarios hoteleros de que él es presidenciable; o los empresarios hoteleros le han hecho creer que es presidenciable. Lo cierto, es que de buena fuente se los digo, cierto cónsul, (sí claro, ese mismo), anda por allí promoviendo a Félix González Canto como presidenciable, en una actitud que no puede entenderse sino como un engaño mutuo, una fantasía, una verdadera alucinación. Por su parte, el Gobernador se promociona entre la clase priista como el hombre que cuenta con el apoyo económico de las grandes empresas hoteleras, sobre todo las de capital español que tantos favorcitos le deben.

Las cosas así, habrá que ver si la oposición al aumento del impuesto sobre hospedaje se mantiene, o se dobla.

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