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Los grupos de los gobernantes


Nov
27
2006

Por lo regular, en el caso concreto de Quintana Roo, cada gobernante ha intentado impulsar el surgimiento y consolidación de una clase política que sea capaz de ubicarse en posiciones clave del quehacer político, estrategia justificable porque se trata de mantener vigente un proyecto generacional, de grupo compacto que trascienda relevos sexenales.

Pedro Joaquín Coldwell (81-87), activo en los dominios del Senado de la República y siempre en las filas del PRI, formó un grupo que mantuvo su fuerza a nivel local cuando el hijo de Nassim Joaquín Ibarra decidió continuar su carrera en las grandes ligas de la política nacional, ubicándose como posible candidato emergente, luego de la ejecución de Luis Donaldo Colosio.

En esos días, con el ascenso de Miguel Borge, se rompió el aparente equilibrio Chetumal-Cozumel, ya que se había deslizado la especie de que ambas zonas compartirían en armonía la gubernatura. Cancún no tenía el menor peso político y hasta ahora se ha mantenido al margen del poder emanado de Palacio de Gobierno.

Joaquín González Castro, Juan Manuel Mercader Rodríguez, Carlos Cardín Pérez, Magali Achach Solis, Efraín Villanueva Arcos, Enrique Alonso Alcocer, Esteban Maqueo Coral y María Cristina Sangri Aguilar figuran en la relación de políticos forjados en ese periodo.

Enrique Alonso decidiría ligar su suerte a la de Mario Villanueva cuando el entonces gobernador se confrontó con la cúpula nacional del PRI y con la familia Coldwell, en la coyuntura del proceso de selección de candidato a la gubernatura.

Alonso Alcocer, al frente de la dirigencia estatal del PRI, llegó al extremo de denunciar públicamente que Addy Joaquín Coldwell (derrotada por Joaquín Hendricks en el proceso interno, porque así lo quiso Mario Villanueva) pretendía chantajear a la dirigencia nacional del Tricolor exigiendo presidencias municipales y diputaciones a cambio de no ser candidata del PAN a la gubernatura.

Joaquín González Castro, midiendo cada paso, decidió no participar en el proceso de selección de septiembre de 1998 porque había confirmado que los dados estaban cargados a favor de Addy Joaquín, candidata del presidente Zedillo.

Miguel Borge Martín (87-93) intentó que fraguara una clase política sólida, impulsando a Arturo Contreras Castillo, Roberto Coral García, Ramón García Hoy, José Luis Pech Várguez y Joaquín Hendricks Díaz.

Por supuesto, incorporaría a Juan Manuel Mercader Rodríguez, último Secretario de Gobierno en toda la extensión de la palabra, aunque se había especializado en atizar sus propios conflictos para lucirse desactivándolos, naturalmente con un impresionante despliegue de prensa amiga.

Borge pasaría a la historia como un político honesto y bien intencionado, aunque gran parte de su equipo decidió aprovechar la oportunidad de sus vidas, a costa de su imagen personal.

No olvidemos las andanzas de Manuel González Coral, alias “el Chueco”, quien como titular de Desarrollo Urbano y Obras Públicas fue señalado como responsable de actos de corrupción cuando se destinaron millonarios recursos para la reparación de calles en el centro de Chetumal.

Pero Borge siempre defendió a sus subordinados y se negó a ver la realidad; después se daría cuenta de su error, cuando ya era demasiado tarde.

Mario Villanueva imprimió un sello nativista a su administración, incorporando a elementos sumisos que le hacían el trabajo sucio, como Héctor Esquiliano Solis y Raúl Santana Bastarrachea.

En su período brotaron José Chejín Pulido, Sergio Pérez Erales, Julio Ascencio Reynoso, Guillermo Vázquez Handall, Félix González Canto y Angel Rivero Palomo.

Villanueva incorporó a su equipo a Carlos Cardín Pérez, Juan Manuel Mercader Rodríguez y a José del Carmen Lugo Maldonado, ese elemento que convirtió al campo en un sector de avanzada y generador de capital, naturalmente en su provecho.

La ofensiva lanzada en su contra por el presidente Zedillo, festinada naturalmente por la familia Coldwell, provocó la demolición de esa clase política que Villanueva intentó moldear a su estilo.

Pocos quedaron de pie.

Joaquín Hendricks no tuvo visión de estado, sino intereses personales y sobre todo familiares. Además, el ex gobernador era un burócrata resentido, ya que nunca perdonó que la sociedad chetumaleña le diera la espalda cuando Mario Villanueva le soltó los perros para expulsarlo de la presidencia estatal del PRI y enviarlo a prisión.

Por ello se rodeó de elementos del corte de Cecilia Loría Marín y Moisés Pacheco Briceño, elementos impopulares que quedaron marcados por su adicción al dinero público.

Y el desprestigio de Joaquín Hendricks ha marcado a la mayor parte de sus colaboradores.

El gobernador Félix González Canto pretende impulsar a un grupo dominado por Cozumel, pero con una característica: se trata de elementos con gran potencial político y administrativo. Tales son los casos de Sara Latife Ruiz Chávez (diputada federal), Roberto Borge Angulo, Freddy Marrufo Martín y Jorge Alberto Martín Azueta.
En ese grupo está incluido el Procurador Bello Melchor Rodríguez y Carrillo, aunque pertenece a otra generación.

En cambio, los grupos de Chetumal (esto hay que subrayarlo, ya que están confrontados) han mantenido un bajo perfil, a tal grado que Eduardo Espinosa Abuxapqui hace su lucha solo y su alma, sin más equipaje que su popularidad que se desploma en las cercanías de Felipe Carrillo Puerto.

Los nuevos valores cozumeleños deben aprovechar la oportunidad que les ha dado González Canto, y están obligados a no perder el piso y a demostrar que pueden destacar por sus propios medios. Las apuestas están a su favor hasta ahora.



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