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Juniors al ataque


Dic
18
2006

Cualquier político o aprendiz de político está expuesto a los efectos catastróficos de los juniors destrampados, en cualquier esquina o circunstancia, como podrá atestiguarlo el Procurador de Justicia del Estado, Bello Melchor Rodríguez y Carillo, cuyo hijo estuvo involucrado en un hecho de violencia al inicio de esta administración, cuando golpeó a la novia en Cozumel.

No es un asunto menor el de los juniors, ya que le costó el trabajo a Salvador Terrazas Cervera, titular del Sistema Estatal de Seguridad Pública en la gestión del ex gobernador Joaquín Hendricks.

Terrazas Cervera presentó su renuncia impulsado por la congruencia, ya que su deber era apoyar al hijo que cometió un error aquel amanecer del primero de enero de 2000; después el hijo asimiló la lección, aunque la sombra de ese escándalo ha perseguido injustamente a Sergio Terrazas.

En algunos casos los escándalos han sido acallados por diversas razones, muchas de ellas de peso; en otras crecen en forma natural, sobre todo cuando los involucrados intentan meter la mano para contener la acción de la justicia.

Tales signos han sido observados en el caso del sobrino del diputado federal Eduardo Espinosa Abuxapqui, adolescente que es responsable de un hecho de sangre que tiene al borde de la muerte a un joven de 21 años de edad.
La violencia debe ser condenada en cualquiera de sus manifestaciones, pero llama sobre todo la atención cuando el involucrado es familiar del político más destacado del Revolucionario Institucional en el sur de Quintana Roo, como lo es el ex presidente municipal Eduardo Espinosa Abuxapqui, cuyo desempeño en la Cámara de Diputados ha sido excepcional, digno del comentario positivo.

La evolución judicial del caso Abuxapqui provocará obligados comentarios, sobre todo cuando se exculpe al sobrino a Eduardo, pese a que quedó etiquetado como un homicida en potencia, pero sobre todo como un valor no descubierto en su momento por Tom Lasorda.

Hijos de la senadora Ludivina Menchaca Castellanos y el sobrino de Abuxapqui protagonizaron hechos bochornosos en días pasados, comprometiendo las carreras legislativas de ambos, ya que está latente la sospecha de sendos intentos de manipulación para evitar que se aplique la justicia en toda su extensión.

Pero sobre todo compromete la carrera política de Abuxapqui, quien de la Secretaría de Gobierno intentó brincar al Senado, pero tuvo que conformarse con la diputación federal, ya que su contrincante era nada menos que el ex gobernador Pedro Joaquín Coldwell.

Insisto: los problemas de nota roja pueden ser padecidos por cualquiera, pero no todo mundo está en condiciones de manipular a la justicia para transformar una tentativa de homicidio en delito de lesiones, por decir algo.

Una oportunidad perdida

La bancada de Convergencia, encabezada por Manuel Valencia Cardin (Presidente de la Gran Comisión del Congreso), presentó una iniciativa para crear la Secretaría de Cultura, con el objetivo de ampliar la cobertura en materia de formación cultural, escasamente atendida en los últimos años, ya que Quintana Roo carece de un proyecto sólido en ese rubro tan estratégico.

La Secretaría de Cultura es una excelente opción para poner la vista sobre un sector que ha sido escasamente atendido, aunque se ha confirmado que marca la diferencia en el desarrollo de los pueblos.

Desafortunadamente los quintanarroenses seremos obligados a padecer las deficiencias de un Instituto de Cultura que desde hace más de una década no ha estado a la altura de los desafíos que le plantea la sociedad.

La semilla colocada por Convergencia en terreno fértil sin duda modificará la tendencia política relacionada con la atención al rubro de la cultura, aunque será cuestión de tiempo y sobre todo de voluntad política.

A prueba el engendro de Frankestein

La reciente visita de Andrés Manuel López Obrador bastó para exhibir las enormes diferencias que persisten entre los representantes del PRD y Convergencia, partidos que no podrán convencernos del amor que se juran en diversos foros.

Perredistas y convergentes nunca han marchado en la misma dirección, como tampoco lo harán en la próxima contienda local de febrero de 2008, cuando estarán de por medio alcaldías y diputaciones.

Las coaliciones no pueden girar en torno de una figura poderosa, como es el caso de López Obrador, ya que se acaban cuando están de por medio asuntos del patio, como son las posiciones locales que estarán en juego a fines de 2007.

Ruiz Morcillo, el último mohicano

Nunca antes el PRI había estado en situación tan comprometida en el municipio de Othón P. Blanco, ya que sólo una figura ha estado fraguando su candidatura rumbo a la presidencia municipal capitalina, naturalmente con posibilidades de triunfo.

Se trata de Andrés Ruiz Morcillo, titular de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (Capa), quien ha tendido sus redes (no precisamente del vital líquido) para ganar la partida a sus adversarios, colocados en posiciones de poder en el gobierno del estado y en el Ayuntamiento del sur.

Sin embargo, la partida la están ganando los diputados Manuel Valencia Cardín y Mario Rivero Leal, quienes son candidatos naturales a la presidencia municipal que ha estado ininterrumpidamente en manos del PRI, incluyendo los interinatos.



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