El naufragio del sur
El sur de Quintana Roo ha sido condenado a una muerte política a fuego lento, provocada por la crónica debilidad de su clase política y por su discreto crecimiento poblacional que ha sido eclipsado por dos municipios turísticos de la zona norte: Solidaridad y Benito Juárez.
Era cuestión de tiempo para que el sur del estado, donde se ubica la capital, fuera demolido por un norte donde se desarrolla la industria turística más exitosa del país que atrae a miles de mexicanos procedentes de otras entidades y regiones del estado.
Como si esto fuera poco, el Instituto Federal Electoral, basado en los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), ha entregado a Campeche una porción de pastel de 4 mil 800 kilómetros cuadrados, donde hay 28 comunidades habitadas por 25 mil personas, cantidad que puede sustentar la permanencia de un distrito electoral.
Los contrastes entre norte y sur son enormes y la tendencia apunta hacia un mayor crecimiento poblacional en el norte, con una región sur y centro deprimida en lo general, con algunos manchones de crecimiento económico moderado, localizados concretamente en Chetumal, capital que dejó de ser fiel al Revolucionario Institucional.
La redistritación emprendida por el Instituto Electoral de Quintana Roo ha sido impulsada para establecer equilibrios en las representaciones populares (Othón P. Blanco cuenta con más distritos electorales que Benito Juárez, donde se concentra casi el 50 por ciento de la población del estado), aunque el librito entra en contradicción con usos y costumbres que han dado a los distritos electorales la categoría de sala de espera de candidaturas a presidencias municipales.
En otros casos el distrito ha sido una cuota asignada por el PRI al magisterio (categoría que tuvo el segundo distrito) o a los cañeros (cuarto distrito).
Lo peor de todo es que la representación teórica de los diputados es opuesta a su representación real, ya que en los hechos el “representante popular” defiende prioridades de camarilla partidista y son contados los legisladores que intentar responder a los intereses de la sociedad.
En lo personal, considero que el municipio de Benito Juárez no puede cosechar gran cosa al contar con cinco o 10 distritos electorales adicionales; en el caso de Othón P. Blanco, para fines prácticos nada ocurre si pierde dos o tres distritos, ya que esa tarea de representación la pueden asumir dos diputados comprometidos con la sociedad.
Hasta ahora el primer engendro del doctor Frankestein (Levanta S.C) ha recibido la categoría de disparate, ya que omite criterios de sentido práctico en la propuesta de conformación de los 15 distritos electorales que en su mayor parte deben concentrarse en el norte del estado.
Sin embargo, el Instituto Electoral de Quintana Roo y la empresa Levanta S.C. se han complicado la vida con una redistritación que ha sido hasta ahora una papa candente, un tema que casi todo mundo pretende eludir.
LA BATALLA DE UN VILLANUEVA
Luis Ramón Villanueva García, presidente del Comité Pro Defensa de los Límites de Quintana Roo, ha tomado en serio su papel de defensor de la integridad territorial del estado, mientras la gran mayoría de nuestros políticos ha aceptado el triunfo de Campeche, aunque en el discurso sostengan los contrario.
El pasado fin de semana organizó un recorrido que culminó en Punto Put, donde coinciden los límites originales entre Quintana Roo, Campeche y Yucatán.
Este chetumaleño ejemplar ha tocado puertas y ha sido incómodo en su momento, siempre defendiendo a toda costa a Quintana Roo.







