Violencia sin género
Casualmente, mientras la Fiscal Alicia Pérez Duarte (encargada de atender delitos contra las mujeres) exponía en la Universidad de Quintana Roo el drama cotidiano de las féminas que son agredidas o que pierden la vida en las fronteras de nuestro país, una mujer atacaba de nuevo a su sobrina de tan sólo ocho años de edad, cerca de la frontera con Belice.
La pequeña, cuyos padres son cortadores de caña en la ribera del río Hondo, había sido castigada en muchas ocasiones por esa mujer que un día le quemaba las manos con una plancha y al día siguiente castigaba las piernas de la menor con un cable, mientras el tío, César Alberto Galindo Ramírez, atestiguaba tales actos de barbarie.
Poco después el señor César Alberto se concentraba en sus tareas de Presidente de la Sociedad de Padres de Familia de Xul Ha.
La pequeña era obligada a vender rábanos en las calles, y si la cosecha de monedas era escasa le aguardaba una golpiza; en fin, cualquier manifestación de la violencia intrafamiliar.
Además, la amenazaban con no dejarla ir a la escuela.
El de la pequeña es el rostro de una niñez que está expuesta a los embates de una violencia que es descargada años después, cuando esas niñas se convierten en madres de familia.
Los actos de esta naturaleza son generalizados y difícilmente podríamos asegurar si los hombres llevan la delantera en la especialidad de la violencia en todas sus manifestaciones.
Tales actos ocurren en hogares y escuelas. No olvidemos que un profesor de educación física abofeteó a una estudiante de secundaria, en un plantel ubicado a unos pasos de la Secretaría de Educación y Cultura (SEyC).
Y reciente está el escándalo provocado por una profesora de primaria que amarraba en la silla a un alumno hiperactivo, con el aparente consentimiento de los padres.
Y cuando el escándalo cesa, todo sigue igual.
La Comisión Estatal de Derechos Humanos tiene en su territorio otro asunto candente. Afortunadamente en esta ocasión el sindicato magisterial no meterá mano con fines de protección, ya que no es uno de los suyos el involucrado.
Ataúdes rodantes en la capital
Aunque la Secretaría Estatal de Seguridad Pública ha advertido acerca del riesgo representado por la proliferación de motocicletas en la capital del estado, muy poco ha podido hacer para aumentar las medidas de seguridad.
Y es que decenas de familias siguen utilizando este tipo de unidades como medio de transporte, trasladando incluso a recién nacidos y a niños de escasos tres o cinco años de edad.
Muchos motociclistas manejan a la ofensiva, sin tomar en cuenta la vulnerabilidad de su medio de transporte. El riesgo aumenta porque decenas de taxistas y otro tipo de automovilistas conducen en forma temeraria.
El subdirector de Tránsito en el Estado, Edmundo Pérez Medina, se refirió al primer deceso de esta categoría en la capital del estado, durante 2007.
Mariela Burgos Azul, de 27 años de edad, falleció este lunes en un nosocomio de la capital del estado, al derraparse su moto en el bulevar Bahía, frente al Club Campestre.
Pérez Medina detalló que tan sólo en el año 2006 ocurrieron un total de 358 accidentes de motocicletas; cuatro personas fallecieron, una de ellas a unos pasos de la Unidad del Vocero del gobierno del estado.







