¿De qué nos reímos en Quintana Roo?
La tragicomedia alimentada por el perredismo fantasma de Yucatán, de cara al proceso electoral de mayo próximo, ha tenido en Quintana Roo versiones similares que explican el naufragio de esa franquicia que ha dependido principalmente de figuras procedentes de otros partidos con capacidad para soportar la carga de sus gastos de campaña.
Mucho se habla de la candidatura de Héctor Herrera “Cholo”, perdiendo de vista bromas peores que nos ha lanzado el PRD en Quintana Roo.
Y es que la oferta netamente perredista ha brillado por su ausencia en Quintana Roo a partir del proceso local de febrero de 1993, cuando el PRD postuló como su candidato a la gubernatura al ya desaparecido Carlos Angulo Oliva, quien había trabajado en el Congreso del Estado bajo las órdenes de Mario Villanueva Madrid, Presidente de la Gran Comisión del Congreso en tiempos del gobernador Miguel Borge Martín.
Angulo Oliva enfrentaría a su amigo Mario Villanueva en esa contienda que no contó con la participación del PAN, cuyo candidato, Antonio Alan Nah, renunció a la candidatura argumentando motivos personales.
El PRD a lo largo de su historia en Quintana Roo ha sido incapaz de ganar una contienda con sus propios recursos, ya que se ha colgado de figuras con cierta popularidad que le han aportado miles de votos.
Eso pasó en el proceso de febrero de 1999, cuando estuvo en juego la gubernatura. Don Gastón Alegre López con su potencial electoral le entregó al PRD el triunfo en los cuatro distritos de Cancún, y el mismo Gastón peleó al tú por tú con Joaquín Hendricks, quien lo derrotó con una pizarra de 44 contra 36 por ciento de los votos.
Aunque no ha improvisado a cómicos profesionales como candidatos en Quintana Roo, el PRD ha sido el responsable de esa broma de mal gusto, representada por el ex alcalde benitojuarense Juan Ignacio García Zalvidea, alias “El Chacho”, quien fue su candidato a la gubernatura en 2005.
Y también el Comité Ejecutivo Nacional del PRD nos ha lanzado dos bromas de mal gusto. La primera, asegurar que estarían dispuestos a lanzarlo como candidato al Senado en 2006, aunque hiciera campaña desde la cárcel municipal de Cancún.
La segunda: aceptar que el Chacho se sacara del sombrero a su hermano José Luis Máximo, quien sin hacer campaña se disfrazó de Senador de la República.
Por cierto, el perredismo acéfalo está decidido a devolver al PRI el municipio de Felipe Carrillo Puerto.
De hecho, en todos los frentes el PRD está desorganizado, afectado además por un desprestigio creciente que puede ser la causa de su desplome en la próxima contienda local, en la que estarán en disputa ocho presidencias municipales y 15 diputaciones de mayoría.
Pero los perredistas no aprenden la lección, ya que siguen colgados de Andrés Manuel López Obrador y de Juan Ignacio García Zalvidea, mientras el trabajo de base brilla por su ausencia.







