Virus en el PRD
Desde mediados de 2004 el PRD asimiló con entusiasmo el virus de un chachismo que ha mantenido en una cama hedionda a ese partido, con un nebuloso escenario de cara a la elección de febrero de 2008, en la que estarán en juego alcaldías y diputaciones.
Por ejemplo, en Felipe Carrillo Puerto, única plaza ganada oficialmente por el PRD, la caballada está flaca, a tal grado que hasta la diputada Ligia Arana y Esquivel pretende relevar a Eliseo Bahena Adame.
En Benito Juárez el grupo chachista impulsa a la diputada Maribel Villegas Canché, quien no tiene la menor posibilidad ante el empuje de Gregorio Sánchez Martínez, un personaje sin partido que podría repetir el fenómeno Zalvidea que aplastó por primera vez los sueños de Víctor Viveros Salazar, quien no ha aprendido la lección contundente que le dio el electorado en el proceso de 2002.
Ese virus del chachismo ha aniquilado la escasa moral que conservaba el PRD en Quintana Roo, ya que las estrategias y cuestiones de organización han sido enterradas para dar paso a una defensa absurda del señor Juan Ignacio García Zalvidea, a quien un sector del PRD intenta exhibir como chango de feria en reiterativos spots transmitidos por el Sistema Quintanarroense de Comunicación Social (SQCS).
Zalvidea, quien es amo y señor del partido con autorización de Andrés Manuel López Obrador, se ha aferrado al capricho de mantener sus mensajes radiofónicos, desgastando a un partido que al menos en el discurso ha vivido del reclamo, exhibiendo posturas firmes en lo relacionado con la rendición de cuentas y el castigo a los malosos, con la condición de que no militen en sus filas.
El PRD ha despilfarrado sus escasas fuerzas a lo largo de estos últimos años, defendiendo la causa perdida de Zalvidea, quien pretende ser el motor del “sol azteca” de cara a la próxima elección en la que ese partido podría abandonar la plaza de Felipe Carrillo Puerto.
Si analizamos el pasado inmediato, nunca antes el PRD había enfrentado una situación tan crítica en Quintana Roo, ya que había conservado cierto grado de congruencia y dignidad pese a las restricciones económicas.
Pero ahora algunas figuras presuntamente íntegras del PRD han llegado al extremo de sepultar sus principios para defender a forajidos del calibre del ex alcalde de Benito Juárez, un sujeto que hubiera sido lapidado con entusiasmo por el PRD en caso de que formara parte del PRI o del PAN.
En el PRD urge una depuración que haga posible la refundación de ese partido, tomado por asalto por sujetos que ni siquiera en el PRI tendrían cabida de nuevo.
Por lo pronto el PRD perdió un tiempo valioso en la defensa de los spots de Zalvidea, los cuales han generado rechazo entre el electorado inteligente de Quintana Roo. Se trata de minorías que no deben ser menospreciadas por la cúpula de un partido cuya revolución democrática es simple letra muerta.
Lo peor para la causa del PRD es que su crisis puede ser aprovechada por el PRI e incluso por el PAN, ya que Convergencia perdió la brújula.







