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Atentan contra el sur


Abr
28
2007

La dirigencia estatal de Convergencia no ha sido capaz de comprender lo que está en juego en el turbulento proceso de redistritación emprendido por el Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo), ya que se ha conformado con hacerle el caldo gordo a una dirigencia perredista impulsada por motivaciones reñidas con la democracia y con la representación popular efectiva.

Perdida la brújula (aunque no se puede perder lo que nunca se ha tenido), la aparente dirigencia del partido del águila se ha convertido en simple sucursal de Kentucky Fried Chicken o de Pollo Brujo, ya que están ausentes en ese partido las estrategias y lances certeros que caracterizaron a Jorge Polanco Zapata y a Manuel Valencia Cardín, dos personajes que le dieron al partido naranja el poderío que inquietó al PRI en procesos locales y federales.

William Souza Calderón, dirigente estatal de Convergencia, quedó atrapado para siempre en el proceso federal de 2006, cuando este partido respaldó la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

Pero este matrimonio por conveniencia pactado a nivel nacional fue en Quintana Roo una colisión en toda la extensión de la palabra, ya que los chachistas disfrazados de perredistas aprovecharon esta oportunidad para castigar a los convergentes que les habían ganado la partida en el Congreso local.

Esta ofensiva encarnizada explica la sustitución de Joaquín González Castro como primer candidato al Senado, y la imposición de un sujeto que no se ha cansado de hacer el ridículo hasta hundirse en el anonimato. Me refiero a José Luis Máximo García Zalvidea.

Y mientras la agenda del PRD atenta contra el sur, la dirigencia estatal de Convergencia le ha hecho segunda, como “Mantequilla” o el “Chicote” en las películas de Pedro Infante y Jorge Negrete.

Tal parece que William Souza es partidario de una nueva coalición entre el PRD chachista y su partido, sin advertir que esa compañía puede hundir más al partido naranja, ya que la gente no perdona la incongruencia.

Por ejemplo, no me imagino a Jorge Polanco Zapata y al “Chacho” Zalvidea caminando juntos por las calles de Cancún o Chetumal, pidiendo el respaldo para sus candidatos comunes. Claro, en política todo puede suceder, pero hay escenarios casi imposibles.

Por ello Francisco Torres Llanes, dirigente de Convergencia en Othón Blanco, hizo bien en reaccionar de inmediato ante una declaración festiva del perredista Antonio Meckler Aguilera, quien lanzó las campanas al vuelo por el inminente despojo de dos distritos a Othón P. Blanco y su reubicación en Benito Juárez.

Más allá de la postura de Torres Llanes, quien defiende una región donde su partido conserva un vigoroso potencial electoral, debemos impulsar una redistritación que no descobije a una región sur que tiene una gran dispersión poblacional y que ha sido escasamente atendida por sus diputados.

En el sur, concretamente en los límites con Campeche, está de por medio una extensión de 4 mil 800 kilómetros cuadrados donde habitan miles de familias que han sido abandonadas a su suerte.

El Congreso del Estado debe reforzar su presencia en esta zona en litigio que en los hechos ya ha sido asimilada por Campeche, de ahí la importancia de atender políticamente esa vasta región, aunque el PRD le apueste exclusivamente a Cancún.



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