Cinco distritos perdidos
Inmerecidamente el municipio de Othón P. Blanco contó con cinco distritos electorales, superando por uno al municipio de Benito Juárez, que cuenta con mayor número de habitantes.
Semejante representación le daba al PRI un aplastante margen de maniobra que le permitía al gobernante en turno manipular al denominado poder legislativo. Pero el crecimiento natural del norte del estado, con Playa del Carmen como nuevo exponente, ha colocado de rodillas a un Revolucionario Institucional que tiene su mayor fuerza precisamente en la capital del estado, con manchones de voto verde en la zona maya y de voto de colonos en el municipio de Solidaridad que se definió masivamente a favor del PRI en la elección local de 2005, cuando estuvo en juego la gubernatura.
No basta defender una representación que no fue ejercida por los cinco diputados de mayoría relativa que eran invariablemente del PRI, hasta que la coalición PAN-Convergencia le arrebató al Tricolor tres distritos.
Joaquín Hendricks llegó al extremo de imponer como candidatos a tres sujetos afines que cosecharon el rechazo popular: Moisés Pacheco Briceño, Cecilia Loría Marín y Arturo Fernández Martínez, cuyo desplome hizo posible la debacle del PRI en el legislativo.
Francisco Flota Medrano y Manuel Delfín Gil se salvaron de la quema en esa elección. El primero porque cuenta con liderazgo efectivo en Bacalar, y el segundo porque la coalición PRD-PT se cruzó de brazos en esta región, concentrando sus esfuerzos en otras áreas y dependiendo por completo del activismo de Juan Ignacio García Zalvidea.
La costumbre del gobernante en turno era improvisar a cualquier candidato, estirando el hilo al máximo. Así ocurrió en el proceso de 2002.
“Los chetumaleños aguantan todo y la oposición nos hace los mandados”. Palabras más, palabras menos, este había sido el razonamiento de los gobernantes y dirigentes oficiales del partido tricolor, hasta que el proceso de 2005 los hizo despertar de golpe, ya sin el poder legislativo en sus manos.
La defensa de los cinco distritos de Othón P. Blanco es simple manifestación de hipocresía y oportunismo político, ya que el PRI nunca valoró esas representaciones que a pocos electores importan en estos momentos, sobre todo en las zonas urbanas.
Lo más grave del asunto es que actualmente las cinco diputaciones de mayoría relativa en OPB carecen de peso específico, ya que los diputados del PRI, PAN y Convergencia están concentrados en asuntos personales o en todo caso no le han dado la debida importancia a su posición política.
Por ejemplo, el señor Mario Rivero Leal, de Acción Nacional, sigue invitando a los chetumaleños a un informe que ya rindió hace algunas semanas, mientras Juan Carlos Pallares Bueno espera que alguien del equipo de Felipe Calderón le confirme que en breve tendrá las riendas de una delegación fantasma, categoría ganada a pulso a partir del sexenio de Vicente Fox.
Por su parte, David Alvarez Cervera (Convergencia) se ha borrado del escenario, mientras Manuel Delfín Gil se desenvuelve como líder cañero marrullero, ajeno a lo que ocurre en el distrito que representa al menos en teoría.
Por ello la pretendida defensa de los cinco distritos es simple pantomima, al menos en el caso de los diputados de mayoría relativa.







