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El despertar de Don Emiliano


Abr
11
2007

Frenético a partir de 2004 en la cacería de esa pieza mayor conocida como “su amigo Chacho” (Juan Ignacio García Zalvidea), el Organo Superior de Fiscalización había entrado en abierta competencia con la cadena de tiendas Elektra, aceptando de Moisés Pacheco Briceño abonos chiquitos cuando este engendro del ex gobernador Joaquín Hendricks aceptaba devolver dinero a cuenta gotas.

Con justa razón se afirmaba que el Organo Superior, presidido por Emiliano Novelo Rivero, había tenido dos criterios en lo relacionado con la comprobación y recuperación de recursos públicos.

Las acciones implacables, comunes y justificadas en el caso Zalvidea, habían sido sustituidas por los apapachos, por plazos a modo y por arreglos color de rosa en el caso Pacheco Briceño, solapado de principio a fin.

Cierto, el anterior titular de ese organismo había sido Emiliano Joaquín Oliva Alamilla (Auditor Superior del Estado), quien tuvo la consigna de demoler a la administración de García Zalvidea, aunque este personaje no necesitaba ayuda.

Pacheco había convertido en triste abonero a Emiliano Novelo, un ejemplar servidor público que le estaba quedando a deber a Quintana Roo.

Pero finalmente el Organo Superior de Fiscalización (OSF) hizo valer su peso, respaldado por un Congreso local que afortunadamente no se encuentra en manos del PRI, ya que estos legisladores hubieran cerrado filas de inmediato para proteger a cualquier delincuente.

Hizo bien Manuel Valencia Cardín (Presidente de la Gran Comisión del Congreso) al reaccionar de inmediato, tan pronto el personal jurídico de la OSF presentó la denuncia penal por peculado en contra de Moisés Pacheco Briceño, como principal responsable de malos manejos en la Comisión para la Juventud y el Deporte (Cojudeq).
El caso está ahora en manos de una Procuraduría de Justicia del Estado que ha salido raspada en otros casos de nota roja, y que por ello está obligada a lanzarse a fondo, con frialdad y determinación.

El expediente Pacheco Briceño es lamentablemente la punta del iceberg, ya que este señor estaba en la miseria cuando Hendricks era pre candidato a la gubernatura. Sin embargo, por arte de magia, saltando de la Oficialía Mayor al Ayuntamiento capitalino y a la Cojudeq, tuvo el ingenio de amasar una fortuna nada discreta, con el aval de su cómplice Joaquín Hendricks, un sujeto que ha sido una especie de “Judío Errante” en su propia tierra.

Pacheco es exponente del rostro más abyecto de la gestión de un gobernante que solapó todo tipo de negocios emprendidos por sus incondicionales y sus hermanos, quienes fabricaron al vapor todo tipo de empresas, incursionando en todo lo que se pueda imaginar.

Y una mujer que no debiera estar tranquila es precisamente Cecilia Loría Marín, quien al frente de la Secretaría de Educación y Cultura (SEyC) convirtió en simple principiante a Pacheco Briceño.

Ella, como Pacheco Briceño, intentó obtener el blindaje de la diputación local, generador de un fuero que ha sido pervertido en nuestro país, y que afortunadamente no está a disposición del ex alcalde sustituto de Othón P. Blanco.

Pacheco es fruto de ese gobierno que presumió su “honestidad y compromiso”, términos convertidos en letra muerta por esa pandilla que desprestigió a un sector de políticos chetumaleños que dejaron la oportunidad de servirle a Quintana Roo.



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