Narco, tema tabú
Desde hace algunos años el poder político dejó de ser una amenaza para la libertad de expresión, desplazado gradualmente por el narcotráfico que golpea donde menos se espera, como ocurrió en Acapulco, donde fue ejecutado Amado Ramírez, corresponsal de Televisa.
Los golpes cada vez más frecuentes del crimen organizado han sido una seria amenaza para el periodismo mexicano, ya que hay pocos antecedentes de captura de autores materiales, mucho menos intelectuales.
El narcotráfico ha sido una industria en expansión en nuestro país, ya que ha penetrado las estructuras de todos los gobiernos, sin que tenga la menor importancia la tendencia partidista.
Las acciones impunes del narco desmoralizan a hombres y mujeres que han tomado en serio su combate, con la certeza de que son piezas que pueden rodar de un momento a otro.
Idealistas y hombres y mujeres dispuestos a sacrificar a su familia forman parte de este ejército cada vez más pequeño de mexicanos que se enfrentan al narcotráfico, desafiándolo en sus dominios.
Lo mismo ocurre con algunos diarios que no han tenido más opción que limitarse a reproducir la nota estrictamente informativa, sin avanzar en el terreno de la investigación más ligera o inofensiva.
Claro, el caso de Jesús Blancornelas, fundador del semanario Zeta, es una de las excepciones que han confirmado la regla.
El ya desaparecido Blancornelas milagrosamente había a un atentado en el que perdió la vida su asistente, en noviembre de 1997.
Pero los diarios en general han sido invadidos por una nota roja que no deja de ser atractiva para miles de lectores atraídos por el morbo, pero que puede ser comparada con las películas de ficheras que inundaron el mercado mexicano en la década de los 80.
Se trata de ofrecerle al público lo que demanda, sin apostarle al periodismo formal que ha triunfado en otras partes del país.
Y los reporteros prefieren no tocar temas del narcotráfico, ya que se incursiona en terreno minado, hipotecando la tranquilidad y la armonía familiar.
Cancún ha sido territorio de ejecuciones relacionadas con el tráfico de drogas, concretamente con bandas dedicadas al narcomenudeo.
Tan sólo en 2007 ha habido siete ejecutados en Quintana Roo, particularmente en Cancún; todos son civiles, vinculados con el narcomenudeo.
El narcotráfico ha extendido sus tentáculos, colocando en jaque a un estado que vive de la paz social, básica para el auge de la industria turística que es soporte de nuestra economía.
Hasta ahora el problema no se ha agudizado, pero estamos al filo de la navaja.
Casas de empeño, las grandes beneficiadas
No debe sorprender que las innumerables casas de empeño que hay en la capital del estado sean las grandes beneficiadas en estos días, cuando cientos de familias retornan a sus hogares con limitaciones financieras que las obligan a empeñar hasta el perico.
Estos negocios han florecido al margen de la ley, obteniendo ganancias colosales a costa de cientos de familias que no tienen más opción que empeñar sus pertenencias.
Sin embargo, no hay una instancia que sea capaz de defender a las personas que caen en las garras de los usureros.







