Aniversario y pérdida
La conmemoración del 109 aniversario de la fundación de Chetumal, nostálgica y llena de emotividad hasta hace algunos años, coincide con una escalada de la violencia en nuestro estado que obliga a replantear hábitos y a modificar discursos y frases que a estas alturas forman parte del archivo muerto.
En esta ciudad, como en el resto del estado, se ha intensificado la presencia policíaca para inhibir y detectar a sicarios al servicio del narco, cuyo reciente ataque contra Adrián Samos Medina (Comisionado de Seguridad Pública en Cancún) obligó al gobernador Félix González Canto a admitir que “fue un acto que atenta contra las instituciones”.
Se trata de una realidad inquietante que nos obliga a replantear la inmutabilidad del paraíso con predominio de casas de madera y amplias avenidas donde todo mundo podía ser raptado por la nostalgia.
Hablo de un Chetumal que forma parte del inventario de la memoria de cientos de familias que han atestiguado las transformaciones de esta porción de México que comparte tantas cosas con Belice.
Pero en forma gradual esta ciudad ha perdido ese atractivo. Uno de los principales indicadores es de los gobernantes, quienes pasaron de la nula vigilancia, confundidos entre los chetumaleños (como Pedro Joaquín Coldwell) hasta el aumento nada discreto de guaruras, en el período de Mario Villanueva.
Chetumal dejó de ser 100 por ciento segura, para dar paso a una ciudad de mediano riesgo que lanza señales de alerta, advirtiendo que la cosa puede ser peor en los próximos meses.
Los homicidios han sido acompañados por una especialidad: las ejecuciones.
Y es que la ola de ejecuciones se había extendido a la capital de estado, donde el 26 de agosto de 2006 fue ejecutado Raúl Peraza García, ex comandante de la Policía Judicial del Estado.
La eliminación ocurrió a unos 10 metros de un retén policíaco colocado a la entrada de la ciudad, a la vista de madres que contemplaban a sus hijos que se divertían en una cancha de básquet bol.
El 22 de marzo de 2006 fuimos conmocionados por la ejecución de una joven chetumaleña que fue decapitada y cuyo cuerpo incompleto fue descubierto en el monte. Hasta el momento no hay pistas de los autores de tan dantesco homicidio.
Este año la ejecución de dos médicos fue un tiro de gracia para nuestro escepticismo, ya que algunos sectores de la población atribuían todos los males a los fuereños, adjudicando todas las virtudes a los nacidos en casa. Sin embargo, pronto se comprobó que un grupo de jóvenes chetumaleños eliminó a sangre fría al galeno que laboraba en el Hospital General de Chetumal. Y homicidios de esta categoría han sido comunes en Chetumal.
En diversos puntos del sur de Quintana Roo se reforzó la vigilancia policíaca, con revisiones aleatorias a conductores de vehículos con placas foráneas o de aspecto sospechoso, luego del atentado del que salió bien librado el Comisionado de Seguridad Pública en Cancún, Adrián Samos Medina.
Chetumal, hoy de manteles largos, es un pueblo grande con achaques de ciudades consagradas por el tiempo. Lamentablemente perdió para siempre la inocencia.
De todos modos, no hay que pasar por alto el instante luminoso de la fundación de lo que hoy es Chetumal, capital de una tierra de oportunidades que abre las puertas a todos.
¿Militares en Quintana Roo?
La presencia de militares en Quintana Roo para combatir al crimen organizado debe ser evaluada fríamente, ya que en muchos casos estos operativos han fracasado estrepitosamente.
Los refuerzos castrenses deben ir apoyados por una labor de inteligencia que ha sido el tendón de Aquiles en esta batalla que hasta el momento se ha decidido a favor de los narcotraficantes, quienes deciden como, cuando y dónde golpear.
A todo esto, la PGR se ha convertido en un enemigo a vencer en esta guerra sin tregua, ya que dejó crecer al monstruo y ha sido infiltrada por el narco, como los han sido las corporaciones estatales y municipales.
Periodista







