Cancún, otro campo de batalla
Aunque se intente negar por cuestión política, el destino turístico de Cancún es otro campo de batalla permanente en el país; se trata de una guerra que se libra con representantes del narcotráfico que están dentro y fuera de las corporaciones policiacas y que han atentado contra militares y civiles cada vez con mayor nivel de confianza.
El 24 de noviembre de 2004 los distribuidores de drogas lanzaron su mayor ofensiva en Quintana Roo: nueve ejecutados, entre ellos tres elementos de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI).
Desde entonces Cancún ha sido territorio de ejecuciones relacionadas con el tráfico de drogas, concretamente con bandas dedicadas al narcomenudeo.
A estas eliminaciones se suma el ataque al periódico Por Esto de Quintana Roo y un curioso atentado con granadas de fragmentación contra la subdelegación de la PGR en Chetumal, cuando sus instalaciones estaban desiertas en plena madrugada.
Hablamos de ataques inquietantes que han llenado de luto a muchos hogares, sobre todo en Cancún, el motor de nuestra economía. Se trata de señales claras de que la guerra está declarada en Quintana Roo, aunque nuestras autoridades intenten mantener al estado en una burbuja.
Tijuana, Tamaulipas, Acapulco, Michoacán, Nuevo León y Cancún han sido los estados y ciudades más castigados por esta ola de violencia incontenible que creció con total libertad en el gobierno de Vicente Fox, alimentada a nivel local por des gobiernos como los de Juan Ignacio García Zalvidea y Carlos Canabal Ruiz.
Podría asegurarse que la oleada de violencia en Cancún es más ligera, si es comparada con los fenómenos Michoacán o Acapulco. Incluso, podría destacarse que son bajas entre narcotraficantes en la mayor parte de los casos, pero la tarde de ayer se manifestó otra de las excepciones.
Escudarse en la protección de la imagen de Cancún, como imprescindible destino turístico, ha sido reacción constante de nuestras autoridades locales que han enfrentado con todas sus fuerzas este enorme desafío del crimen organizado que se ha manifestado en el principal polo turístico del país.
Entre las bajas ocurridas en 2006 destaca Wilfrido Flores Saucedo, jefe de estado mayor de la Dirección de Seguridad Pública de ese polo turístico que fue ejecutado a bordo de su patrulla junto con su escolta Alejandro Morales Xicoténcatl.
La ejecución nocturna ocurrió la noche del 27 de junio de 2006, en pleno centro de ese polo turístico que a estas alturas es campo de batalla electoral.
El primero de agosto, Sam Rodríguez Rodríguez, subdelegado jurídico de la PGR, fue acribillado por sicarios delante de su esposa e hijo de nueve años de edad.
Y la jornada de este 16 de abril puso a Quintana Roo, y particularmente a Cancún, en la órbita de estados que están a merced del narcotráfico.
Cinco sujetos, presuntos distribuidores de droga, fueron amontonados y abandonados en una camioneta con placas foráneas.
Se trata de homicidios que nos recuerdan nuestra dolorosa realidad, una realidad que ya no podemos ocultar con discursos sin sustento, aunque los políticos están en su papel, protegiendo la imagen de Cancún.
Pero algo es evidente: no somos un mundo aparte.







