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¿Es una profesora de este país?


May
08
2007

Independientemente de la fortaleza o debilidad de su denuncia pública, la profesora Ana María Ortega Martínez hizo una manifestación modelo, tan ajena a la in cultura de nuestro país donde es automática la adopción de prácticas que lesionan a terceros, como en el caso Oaxaca y en otros que vienen a la memoria en cascada.

La profesora de cuarto grado de primaria efectuó una manifestación insólita en los bajos de Palacio de Gobierno, donde instaló a sus 25 alumnos para darles clases, en protesta por los constantes actos de hostigamiento e irregularidades en las que han incurrido directivos de la escuela primaria “Primo de Verdad”, solapados por el sindicato magisterial.

La demanda no es tema de esta columna, sino el recurso de una profesora que ha roto con una tradición de irresponsabilidad magisterial que ha colocado en el sótano la calidad de nuestra presunta educación, impartida cuando hay algún espacio en la agenda del magisterio.

Los recursos van de la huelga de hambre (una especie de chantaje moral que se debe manifestar ante reporteros y en inmuebles públicos) hasta la toma de instalaciones, el paro indefinido y el recorrido por las principales avenidas, lanzando consignas desgastadas, entre ellas la de “el pueblo unido jamás será vencido” o “entiende, Vicente, la patria no se vende”.

No tengo antecedentes de una protesta similar, al menos en el caso de Quintana Roo. Y es que nos hemos acostumbrado a los lances temerarios de ciertos profesores que a la menor provocación hacen arder la capital de un estado.

La profesora simplemente dio clases a 25 de sus alumnos, ya que fue expulsada de su aula por José Jesús Castilla Rivera, director de la escuela Primo de Verdad, cuya conducta supuestamente gangsteril no me interesa analizar porque no es noticia.

Pero la manifestación de esta profesora ejemplar representa un gramo de esperanza en un desierto de mediocridad e intereses mezquinos que han golpeado frontalmente al sector educativo.

Y sobre todo el recurso de la profesora tuvo éxito porque contó con el respaldo de 25 alumnos, quienes comprendieron que el aula no es un espacio determinado donde no deben faltar los mesa bancos y el pizarrón, sino un lugar donde hay suficiente autoridad moral para enseñar, sea al amparo de unos limoneros o a un costado de la milpa sedienta.

Dedicados en apariencia a la enseñanza, muchos profesores deben tomar nota del éxito moral de este recurso que puso en práctica la profesora chetumaleña que ha sido obligada a lidiar con malos directivos y líderes sindicales que han sepultado cualquier intento de mejoría en el rigor y calidad de la educación.

El sindicato magisterial, en manos de mafiosos que se dedican a la venta de plazas y de gente que es alérgica a las aulas, debe ser impactado por esta enorme protesta que sin duda no tomarán en cuenta, ya que es tan ajena a ese estilo que les ha permitido ganar mientras pierde México.

Por cierto, Jorge Millián Narváez fue exigido al máximo por esta manifestación que ha sido atendida por la Secretaría de Gobierno, aunque esa dependencia debe anticiparse a los acontecimientos



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