El villanuevismo pasó a la historia
Hablar de ajustes de cuentas y de actos revanchistas de parte del ex gobernador Mario Villanueva equivale a extraviarse en un laberinto instalado en el pasado. Algunos hablan de dueños a cielo abierto, de reclamos nada discretos, de sangre que llega al río.
Y aunque mantiene intacto su potencial político, el ingeniero tiene otras prioridades que tienen relación con la familia, con el recuento de los daños y con el encuentro de la armonía en su terruño.
El programa radiofónico Desde el Café, conducido por Eduardo Aguilar en la capital del estado, tuvo la primicia de la liberación del ex gobernador. Son noticias que tienen la esencia de un borrego de grandes dimensiones, aunque sean respaldadas por una fuente 100 por ciento confiable.
Eduardo Aguilar difundiría la información, liberando un terremoto demoledor a cuenta gotas, provocando reacciones intensas, emociones y gestos de incredulidad.
Mario Villanueva es un hombre fraguado en el campo, como ese arbusto que soporta sequías y tempestades, doblándose sin quebrarse pese a su mal crónico que se complicó en ese infierno helado, deshumanizado, donde se renuncia a la identidad y a la intimidad.
El ex gobernador posee una fortaleza espiritual enorme que le permitió sobrevivir en condiciones adversas, capaces de aniquilar a cualquiera. Por ello no abriga sentimientos de venganza, ya que el tiempo ha puesto a cada quien en su lugar.
No debe sorprenderle que a estas alturas su sucesor, Joaquín Hendricks, tenga que andar a salto de mata, etiquetado como un corrupto de altos vuelos que es abucheado por cualquier multitud.
En cambio, una víctima del sistema genera otro tipo de reacciones favorables, ya que al final se cosecha lo que se ha plantado.
Algunos han especulado con la posibilidad de que sea candidato a algo, reverdeciendo laureles electorales como hizo recientemente el ex gobernador Pedro Joaquín Coldwell, Senador de la República.
Lo que queda del grupo villanuevista fue cimentado por la ofensiva encarnizada en su contra. Otros se despojaron de la camiseta porque siempre se definieron como institucionales, es decir, como gente que apoya al gobernador en funciones, ya que vivir fuera del presupuesto es un error.
Mario conoció el rostro de la ingratitud, pero también probó el sabor de la solidaridad que surge donde menos se espera que brinque. Y en esta categoría se encuentran dos chetumaleños que le tendieron la mano al ingeniero en condiciones adversas: Manuel Valencia Cardín (Presidente de la Gran Comisión del Congreso) y Gaspar Armando García Torres (titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos), quienes hicieron todo lo posible para que el ex gobernador fuera cambiado de celda.
Y no debemos pasar por alto el respaldo absoluto del gobernador Félix González Canto, quien le ha tendido la mano a Villanueva y a su familia, incorporando a su equipo de colaboradores a algunos de sus familiares.
En cambio, algunos villanuevistas se fueron esfumando, incluido un ex candidato presidencial que demostró la miseria de su alma: Roberto Madrazo Pintado, quien pactó con Hendricks dando la espalda al bloque villanuevista que lo había apoyado cuando fue precandidato presidencial en 2000, siendo aplastado por Zedillo con su candidato Francisco Labastida.







