Defensores en el banquillo
Sin dejar de admitir que en algunos casos han salido a flote las motivaciones de tipo oportunista, sobre todo electorales, la comitiva plural que acudió a la Secretaría de Gobernación para defender la causa del ex gobernador Mario Villanueva incluyó entre sus integrantes a funcionarios y políticos que han decidido enfrentar sus riesgos, convencidos de que el proceso que padece el ex mandatario ha sido nauseabundo de principio a fin.
Pero tampoco debemos de perder de vista otro detalle significativo: algunos que han tomado partido en contra de Mario Villanueva han metido a todos los defensores de la causa de Villanueva en la misma canasta, descalificándolos con el argumento de que se trata de sujetos que fueron ampliamente beneficiados por el hombre que despachaba en el rancho El Mostrenco.
Lo curioso es que entre esos críticos destacan periodistas que formaron parte del gabinete de Mario Villanueva, o que fueron promovidos y consentidos hasta que decidieron cortar el cordón umbilical, decididos a pactar con el nuevo gobernante.
Otros no se encontraban en Quintana Roo a fines de la década de los 90, y aunque este inconveniente no los descalifica si limita su margen de maniobra periodística, ya que tienen que basarse en testimonios tendenciosos o en el análisis de recortes periodísticos.
Gustavo Ortega Joaquín, presidente municipal de Cozumel, tuvo que valorar políticamente el paso delicado que dio. Su posición es complicada, tomando en cuenta que milita en el partido que está en el poder a nivel federal. De hecho, es el quintanarroense en el que más confía el presidente Felipe Calderón.
Un paso similar dio el diputado local panista Mario Rivero Leal, quien pretende ser candidato a la presidencia municipal capitalina.
Rivero Leal suscribió el punto de acuerdo que fue enviado al Presidente Felipe Calderón, apoyando a Mario Villanueva.
La marcha multitudinaria en Chetumal a favor del ex gobernador pudo haber definido las posturas de Gustavo Ortega y Mario Rivero Leal, ya que hasta hace algunos días ellos habían contemplado los toros detrás de la barrera.
Ambos panistas han corrido sus riesgos, ya que sus intereses se encuentran en Quintana Roo y no a nivel central.
En el caso de Gaspar Armando García Torres, el Ombudsman local, me consta que ha mantenido una línea invariable en contra de las violaciones a los derechos humanos, y su postura en este caso no es motivada por la defensa de su trabajo o por el pago de alguna factura.
De hecho, junto con Manuel Valencia Cardín (Presidente de la Gran Comisión del Congreso), el Ombudsman intervino cuando el estado de salud de Mario Villanueva se complicó en Almoloya, por lo que ambos hicieron gestiones infructuosas para que el interno fuera cambiado de reclusorio.
Otros columnistas establecidos en el Distrito Federal descalifican la marcha de Chetumal sin conocimiento de causa, asegurando que fue organizada por el gobierno del estado, como si fuera simple trámite movilizar a una sociedad apática con el señuelo de unas playeras.
El respaldo a la causa de Mario Villanueva tiene varias motivaciones, desde la gratitud, el temor y los apetitos electorales. Pero no hay que perder de vista que Mario Villanueva representa el último liderazgo del sur de Quintana Roo, y el gobierno federal se ha convertido en el principal arquitecto de su imagen.







