Panistas temen efecto cucaracha
Los panistas de Quintana Roo comienzan a extrañar los tiempos del PRI maloso, ese que aprendieron a odiar a lo largo de décadas porque era abusivo. Y ahora los blanquiazules andan precisamente sacados de onda por el manejo de las delegaciones federales que están en proceso de yucatanizarse.
Y es que la derrota del PAN en Yucatán, de la autoría del ex gobernador Patricio Patrón Laviada, ha obligado al gobierno federal a reubicar a algunos panistas del único estado del sur donde Felipe Calderón no fue aplastado por López Obrador.
La operación inició antes de que el PAN fuera desalojado de Yucatán, pero se ha intensificado mientras el movimiento nativista ha sido convertido en una pieza de museo.
Como sabemos, el Movimiento de Unificación Quintanarroense (MUQ), cuyo líder moral es el ex gobernador Jesús Martínez Ross, adaptó la frase del presidente estadounidense James Monroe: “Quintana Roo para los quintanarroenses”.
Recuerdo los reclamos de algunos panistas, quienes en los tiempos del reinado priista exigían que los delegados fueran quintanarroenses. También recuerdo las manifestaciones de júbilo en Quintana Roo, cuando el PRI fue sepultado por millones de mexicanos en la elección histórica de 2000.
Iban por las delegaciones. Sin embargo, fue hasta después de la elección federal de 2003 cuando el presidente Fox dio luz verde para la incorporación de más panistas quintanarroenses a tales posiciones.
Entre los delegados destacaron Mercedes Hernández Rojas (Sedesol), Rafael Muñoz Berzunza (Profepa), David Lizama Vado (Reforma Agraria) y Fernando Zelaya Espinoza (Migración región sur).
El balance es negativo en general en esta etapa blanquiazul. Por ejemplo, en los hechos gran parte de las delegaciones han sido trasladadas a Cancún; tal es el caso de la delegación de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), aunque el cascarón permanezca en Chetumal.
En los hechos, lo delegados sembrados por el PAN han tenido un desempeño que oscila entre lo mediocre y lo infame. Ahí están los nombres de los chetumaleños Rafael Muñoz Berzunza y Fernando Zelaya Espinoza.
El primero fue despedido públicamente por el presidente Felipe Calderón en Cancún, mientras el segundo le arrebató la vida a un anciano, atropellándolo con su vehículo oficial en las primeras horas del día, cerca de las oficinas de Migración.
Otros delegados y delegadas han nadado de a muertito, algunos pendientes del proceso electoral que ya está en marcha.
En realidad el balance de gran parte de los delegados quintanarroenses es negativo, pero ello se debe a la mala selección de figuras que han sido improvisadas, colocándolas de golpe en puestos de enorme responsabilidad. Sin embargo, los yucatecos no lo han hecho mejor.
Y sin caer en los dominios del nativismo, en Quintana Roo hay figuras valiosas que pueden responder a las exigencias políticas y burocráticas. Pero gran parte de las delegaciones estarán en poder de yucatecos.
Se ha confirmado que José Hadad Estéfano, dirigente estatal del PAN, no está muy conforme que digamos con estas reubicaciones de elementos que no fueron capaces de refrendar el triunfo del blanquiazul en Yucatán.
Como otros panistas inconformes. José Hadad también extraña los tiempos del PRI maloso y abusivo.







