Prueba superada
La mayor parte de los habitantes del sur y centro de Quintana Roo tenía una idea cinematográfica, estilo Hollywood, del potencial destructor de un huracán como el que nos visitó en las primeras horas del 21 de agosto.
La gente mayor de Chetumal se había quedado anclada en los pasajes catastróficos del huracán Janet, que golpeó nuestras costas del sur el 27 de septiembre de 1955, dejando a su paso una mortandad enorme y destrozos cuantiosos en aquel Chetumal donde abundaban las casas de madera y que tuvo que ser reconstruido casi por completo.
Aparte del adefesio que contamina el nacimiento del bulevar Bahía, instalado por instrucciones del gobernador Mario Villanueva en honor al huracán Janet (dicen que en honor a la gente, cosa que dudo), hemos asimilado anécdotas que forman parte del inventario del ser chetumaleño, entre ellas la “casa voladora” (en realidad se trató de una casa de madera flotante, algo de todos modos increíble) y el enorme clavo que se incrustó en un poste de madera.
En aquel lejano 1955, cuando Margarito Ramírez Miranda gobernaba el territorio con mano de hierro, los servicios de protección civil estaban en pañales y por ello hubo una mortandad enorme, ya que cientos de chetumaleños se negaron a abandonar sus casas ubicadas cerca de la bahía, en la parte baja de la ciudad.
En 1974, cuando el huracán Carmen machacó en nuestras costas del sur, Quintana Roo superó esa prueba porque se había aprendido la lección del Janet y la gente estaba advertida acerca de la seducción que ejerce el ojo del huracán, que como un canto de sirenas impulsa a las familias a abandonar todo tipo de precauciones, ante la súbita calma que impera en esa zona de los huracanes.
En 1998 el gobernador Mario Villanueva tuvo un papel destacado ante la contingencia generada por Mitch en el sur del estado, asumiendo un liderazgo que no puede ser entregado al Vocero o al asistente del asistente del secretario de asuntos sin importancia. No, un gobernador debe dar la cara a los quintanarroenses.
En octubre de 2000 nos salvamos de milagro en el sur. A estas alturas podemos utilizar ese término, ya que el gobernador Joaquín Hendricks no entendía ni jota del asunto. Finalmente, ridiculizado por un reportero, decidió inyectar valor a una comunidad permaneciendo ahí mientras Keith tenía en la mira al sur de Quintana Roo.
Son decisiones absurdas, claro está, pero sobre todo abren la puerta a la tragedia. Y es un gobernante no tiene que andar por ahí poniendo ejemplos de valor, mientras el barco es amenazado por un tsunami.
Moraleja: en asuntos de protección civil no se debe andar improvisando.
Por su parte, el gobernador Félix González Canto ha entregado excelentes cuentas a la sociedad, ya que ha sido ejemplar la respuesta a las contingencias planteadas por Emily, Wilma y Dean.
En el caso de Dean se puso a prueba la efectividad del gobierno del estado para hacer frente a un desafío de ese calibre, representado por un huracán de categoría cinco que tocaba a las puertas del sur, enfilándose hacia la biosfera de Sian Ka’an y Majahual, según los últimos reportes.
Pero en uno de los reportes finales el gobernador no descartaba a Chetumal en la ruta del ojo del huracán; finalmente sería más preciso: el centro de Chetumal estaba en la ruta del ojo, como ocurrió con Janet.
El saldo blanco reportado por Quintana Roo es ante todo milagroso, producto en gran parte de la labor del gobierno del estado y de las fuerzas federales y municipales que cerraron filas para entregar este resultado increíble.
El prietito en el arroz es representado por la gente que se niega a abandonar sus viviendas, pese a estar ubicadas en zonas críticas. Esto ocurrió en la zona maya y en algunas localidades cercanas a la capital del estado, localizadas en la línea de costa.







