Choque de trenes
Era inevitable, ya que se trataba de una colisión anunciada en la cumbre del partido que debutó en el proceso electoral de febrero de 2002 con una fuerza inquietante que puso en jaque al gobernador Joaquín Hendricks y que ahora, a seis años de distancia, se debate en aguas que pueden hacerlo naufragar si se imponen prácticas autoritarias, impulsadas por la carencia de estrategia y por el predominio de ambiciones personales.
Los bandos están definidos en el partido Convergencia:
Por un lado, Jorge Polanco Zapata y la dirigencia formal del partido que carece de liderazgo, ya que este es un atributo que no puede ser heredado.
Ellos tienen la relación directa con el Comité Ejecutivo Nacional del partido, cuyo delegado, Rubén Darío Rodríguez García, se encargó de reventar las negociaciones que aterrizarían la coalición PRI-Convergencia.
Por el otro, el grupo representado por Manuel Valencia Cardín, Presidente de la Gran Comisión del Congreso, quien con la amplia mayoría de los integrantes del Consejo Político Estatal (22 de 32 integrantes) y con seis dirigentes municipales del partido pretende impedir el triunfo de las decisiones arbitrarias en la elección de la pareja con la que se formará una coalición para participar en los comicios que están a la vuelta de la esquina.
Jorge Polanco impulsa con viento en contra la alianza con el PRD, partido que en Quintana Roo es dirigido por una pandilla que tiene cuentas pendientes con la justicia y que se encargó de humillar al partido naranja cuando formaron equipo en los comicios federales de 2006.
Si a nivel nacional el PRD es una fuerza respetable que contó con un candidato de lujo, como lo fue Andrés Manuel López Obrador, a nivel local está en manos de un grupo de forajidos que fueron mantenidos a distancia por el mismo López Obrador, quien tenía a la mano los antecedentes del grupo que tiene las riendas del sol azteca en Cancún.
En el otro grupo, Manuel Valencia Cardín representa a un bloque que de entrada se ha negado a levantar el brazo a Juan Ignacio García Zalvidea o a Carlos Canabal Ruiz, ya que son dignos representantes de las prácticas nauseabundas que provocaron la derrota del PRI en 2000.
El grupo valora la opción representada por el PRI, un partido que respeta los acuerdos en Quintana Roo y que ha demostrado que es un aliado civilizado.
La otra opción para este grupo es caminar solos, intentando rescatar el potencial que los colocó en las ligas mayores en la elección de 2002, enfrentando al gobernador Hendricks y a la Fuerza Mexiquense que hizo posible el “carro completo” del PRI a nivel de distritos.
El bando encabezado por Jorge Polanco considera que Manuel Valencia es un traidor por el simple hecho de ser partidario de una alianza coyuntural con el PRI.
Olvidan que Manuel Valencia se incorporó a la lucha opositora en pleno gobierno de Joaquín Hendricks, enfrentando una ofensiva gubernamental que provocó enorme afectación en la economía del diputado local que no sólo encabeza a la Gran Comisión del Congreso, sino que es la figura más valiosa de Convergencia en estos momentos.
La mayor traición que puede enfrentar Convergencia es la adopción de prácticas autoritarias que decidan el rumbo que tomará el partido naranja.
Las motivaciones personales explican los acuerdos en los oscurito entre una figura de Convergencia y la cúpula que ha saturado de desprestigio a un partido tan importante como el PRD.







