El Muro de la Ignominia
La construcción de un muro de aproximadamente 1,000 kilómetros de longitud y la militarización de la frontera entre México y los Estados Unidos, más la serie de drásticas medidas que el gobierno norteamericano está aplicando en contra de los inmigrantes hispanos en su país, la mayoría procedentes del nuestro, constituyen la peor derrota de la Política Exterior de Vicente Fox Quesada, presidente de la República.
Los duros reveses que nos han asestado los estadunidenses, exhiben la incapacidad del gobierno panista y dejan en ridículo a Fox en su pretendida relación amistosa con George W. Bush, presidente de los Estados Unidos.
Fox Quesada comprueba, a poco más de 180 días de concluir su gestión, que arrodillarse ante el poderoso y besarle los pies, como el lo ha hecho reiteradamente durante todo su periodo, no da buenos resultados y en cambio ha humillado a México, causándole un gravísimo daño.
Las agresiones norteamericanas van a fracasar, pero no será mérito de la mediocre administración federal panista. Lo que sucederá tiene muchos precedentes en la historia de la humanidad: Los imperios en decadencia son proclives a la construcción de muros, militarización de las fronteras y represión a los inmigrantes.
Hace más de 2200 años Qin Shi Huang, emperador de China, inició la construcción de lo que hoy conocemos como la Gran Muralla que se extiende en una longitud de más de 6,000 kilómetros, con el propósito de protegerse de las incursiones de tribus semisalvajes. El titánico esfuerzo fue inútil: los mongoles nómadas siguieron invadiendo una y otra vez a China e incluso llegaron a gobernarla por largos periodos.
La Biblia ilustra la ineficacia de los muros como medio de contención, cuando señala que se derrumbaron las murallas de Jericó abatidas por el tañido de las trompetas de los israelíes. Hecho que no parece del todo verídico pero sirve para demostrar que los muros son incapaces de detener el avance de un pueblo.
También los mayas comprobaron que los muros no son de gran utilidad. Las murallas que rodean a la fortaleza de Tulum no impidieron la derrota de sus moradores ni la decadencia de su portentosa cultura.
Más recientemente, la desaparecida Unión Soviética, a través de su estado satélite en Alemania Oriental, construyó en Berlín un muro para dividir a la capital histórica de los germanos.
Al igual que en los casos anteriores, el llamado Muro de Berlín fue un fracaso que mucho debilitó a la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas y propició la propaganda negra que ejercieron los Estados Unidos y sus aliados para criticar a la entonces potencia militar que les disputaba la hegemonía mundial.
Y he aquí las contradicciones de los gobernantes norteamericanos, quienes se asumen respetuosos de los derechos humanos, adalides de la democracia, de la libertad y la justicia, y tantas mentiras más, van a edificar también un muro y a militarizar su frontera sur. Lo que de nada les va a servir porque el flujo de inmigrantes ilegales no se detendrá mientras su economía requiera de trabajadores.
Aunque no lograrán su propósito, los mexicanos hemos recibido un golpe severísimo por el desmantelamiento total de nuestra otrora prestigiosa política exterior. La que Fox ha sometido servilmente a los intereses de los sectores más retrógrados del vecino país del norte.
Al respecto cabe señalar que el gran pueblo de los Estados Unidos es una nación que merece admiración y respeto. Sus notables aportaciones al desarrollo de la humanidad somos los primeros en reconocer. Son sólo algunos de sus dirigentes quienes han cometido aberraciones como el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagazaki, la Guerra de Viet Nam y actualmente la ocupación de Iraq.
Durante más de 70 años, la Doctrina Estrada y sus antecedentes esbozados por los presidentes Venustiano Carranza Garza, Álvaro Obregón Salido y Plutarco Elías Calles, nos permitieron enfrentar exitosamente nuestro principal problema de Seguridad Nacional: la vecindad con los Estados Unidos.
El gobierno de Vicente Fox por consejos de Jorge G. Castañeda, desarticuló la Política Exterior y nos ha convertido en vasallos. A cambio, no hay reciprocidad ni la habrá. No la merece el que no defiende la soberanía de su patria. El poderoso nunca frena sus apetitos. La cobardía sólo acrecienta la insolencia del prepotente.
Así ha sido y así debe ser. Quien claudica sólo merece el desprecio que Bush le manifiesta a Fox, cuando el presidente de México se hace ilusiones respecto de la política de Estados Unidos hacia nuestro país.
Lo admitamos o no, en los regímenes de estadistas de la talla de Benito Juárez García, Lázaro Cárdenas del Río, Adolfo López Mateos y José López Portillo, que supieron enfrentar con valor y dignidad las relaciones con primera potencia militar y económica del mundo, obtuvimos un trato respetuoso y prevalecieron los intereses de los mexicanos.
Durante el Siglo XX fuimos el país líder de América Latina por el prestigio de nuestra política exterior. Registramos destacados triunfos en la defensa de la República Española, la Expropiación Petrolera y el Asilo Diplomático, además de recuperar El Chamizal y pacificar a Centroamérica a través del Grupo Contadora.
Hoy estamos enfrentados con la mayoría de las naciones hermanas, por defender al modelo neoliberal y a un gobierno que no necesita que lo hagamos.
Habrá que reconstruir todo a partir del primero de diciembre. No va a ser fácil pero tendremos que hacerlo.
Los muros mentales
Es delicada la situación, pero más grave es la cerrazón mental de quienes como Vicente Fox Quesada insisten en la permanencia del modelo económico neoliberal que mantiene en la más oprobiosa pobreza al 70% de los mexicanos.
La miopía política del primer gobierno federal emanado del Partido Acción Nacional que tiene como cabeza visible a Vicente Fox, le impide ver el colosal derrumbe del sometimiento a la globalización y a las políticas dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que se manifiesta en todo el mundo y no únicamente en América del Sur.
Hasta en potencias de primer orden como Francia, los gobiernos de derecha y el modelo neoliberal son violentamente rechazados y sufren gravísimos fracasos. Allí está la iniciativa laboral que echaron abajo multitudes de jóvenes pobres, la mayoría pertenecientes a las minorías raciales, inconformes con una ley injusta, que lograron su objetivo luego de incendiar decenas de miles de automóviles y causar muchos destrozos.
Las policías francesas, que se encuentran entre las mejores del orbe, no pudieron contener las protestas.
También están, entre otros muchos casos, las manifestaciones de millones de hispanos en el propio territorio de los Estados Unidos que sacudieron la conciencia de ese país y las de quienes han protestado por la Guerra en Iraq, que presagian una derrota tan humillante como la que sufrieron sus tropas en Viet Nam.
Nada ni nadie contiene al cambio. Al verdadero cambio. No al que simularon Fox y Marta Sahagún. Son inútiles los intentos de detener la historia. Hoy gobierna en España un régimen sucesor ideológico y político de la República que destruyó, con saña inaudita, Francisco Franco, luego de una masacre todavía presente en el recuerdo del bombardeo a la indefensa población de Guernica.
En Chile ha vuelto a triunfar electoralmente, por segunda ocasión, el Partido Socialista al que pertenecía Salvador Allende cuando fue asesinado por Augusto Pinochet Ugarte. La presidenta Michelle Bachelet ha anunciado el fin del sistema de pensiones a jubilados que se suponía era la prueba de la eficacia neoliberal, porque ha empobrecido aún más a quienes debería beneficiar. El orgullo de los tecnócratas egresados de Harvard y Yale ya no existe.
México no puede ni su pueblo quiere, sustraerse al cambio. Cualquiera que sea el resultado de las elecciones que tendrán verificativo el próximo dos de julio, el modelo neoliberal en nuestro país está en vías de extinción.







