Noticaribe



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Retorno de la Ideología


Jun
30
2006

El fracasado modelo neoliberal está en decadencia en todo el mundo, particularmente en América Latina donde, con algunas excepciones, es abrumadoramente repudiado por casi todos los gobiernos de países que, hasta hace poco, sometían dócilmente sus políticas económicas a los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Los resultados de acatar servilmente los designios de esas instituciones financieras están a la vista: pobreza y miseria afectan a la enorme mayoría de quienes vivimos al sur del Río Bravo, con toda una secuela de desempleo, insalubridad, inseguridad y carencias en educación y vivienda. Adicionalmente, como ocurre desde hace 24 años en México, destruyeron a las clases medias que hoy prácticamente están desaparecidas.

Sin embargo, la devastación generada por las recetas neoliberales no se limitó al empobrecimiento de los pueblos. Para imponerse, distorsionaron también la función de los partidos políticos y relegaron al olvidó a los principios ideológicos que sustentaban la lucha política.

Hasta antes del arribo de Miguel de la Madrid Hurtado, primer presidente de la República formado en el pragmatismo neoliberal, la Ideología de la Revolución Mexicana era una referencia obligada en el discurso oficial. En torno de ella se establecían las posiciones político-partidarias y cumplir sus propósitos era la meta de los regímenes surgidos del Partido Revolucionario Institucional.

Para consolidar su avance, el neoliberalismo convirtió a la política en algo trivial. Asunto de mensajes televisivos de baja calidad pero alto impacto. Las propuestas fueron eliminadas al igual que una de las principales funciones de los partidos: la formación de cuadros políticos y administrativos para la función pública.

El debate de ideas y principios ha sido sustituido por emociones. En lugar de razonados argumentos, ahora se prodigan descalificaciones y, principalmente, el miedo y el odio al adversario.

A semejanza de las estrategias de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Adolf Hitler, quien inculcó en los alemanes un irracional odio y miedo a los judíos, para justificar la represión y el holocausto que costó la vida de más de seis millones de personas, el neoliberalismo y, concretamente su brazo político en México, la derecha representada en el Partido Acción Nacional, basaron en el odio y el miedo a sus adversarios la propaganda de Felipe Calderón Hinojosa en la pasada contienda electoral por la Presidencia de la República.

Reconstruir la política

Es así que una de las primeras tareas que habrá de acometerse en América Latina, al declinar un modelo económico que sólo resultó eficaz en la tarea de fabricar pobres y miserables, está la de reconstruir las prácticas y los principios de la política como actividad destinada a procurar el bien común.

En primer término habría que modificar la lamentable situación en que se encuentran los partidos políticos. Los que por ahora están convertidos en estructuras huecas, sin principios que guíen su accionar. En ellas caben tanto militantes de larga trayectoria y convicción plena, como oportunistas que de un día para otro cambian de militancia, porque más que ideales los anima la conquista del poder para beneficio personal y a costa de lo que sea, incluso de la dignidad.

Al respecto debe admitirse que la desideologización de la política en nuestro país no comenzó con el régimen de Miguel de la Madrid, ni con la llegada de los tecnócratas neoliberales a las posiciones de decisión en el gabinete económico del gobierno federal. También que la degradación de los partidos no se inició en la década de los ochentas del siglo anterior.

La historia de ambos procesos tiene, entre otros, el antecedente de que a partir de que la televisión había irrumpido con fuerza extraordinaria en la vida nacional, en los primeros años de la década de los cincuenta del pasado siglo, dio principio la desideologización paulatina del pueblo mexicano, de sus prácticas políticas y hasta religiosas y culturales.

La televisión, que fue concebida por el general Lázaro Cárdenas del Río, presidente de la República de 1934 a 1940, como un vigoroso instrumento para impulsar la educación pública y la cultura nacional, pronto se convirtió en enajenadora de la conciencia de los mexicanos.

El entretenimiento a domicilio desvió la atención de los grandes problemas nacionales y en los hechos la televisión se constituyó en legitimadora de los actos de autoridad, por absurdos que estos fueran. Entre ellos, las matanzas del 2 de octubre de 1968, del 10 de junio de 1971, de Acteal, de Aguas Blancas, y tantas atrocidades más a las que se sumaron decisiones gubernamentales lesivas para los intereses del pueblo.

La verdadera democracia no puede existir en una sociedad con disparidades tan abismales como la nuestra. Lograrla es una meta histórica que será muy difícil de alcanzar, en tanto coexistan inmensas mayorías que se debaten por debajo de los niveles mínimos de subsistencia, con mexicanos catalogados entre los más acaudalados del mundo.

A la pobreza y la miseria se unen los bajos niveles formativos como factor de desigualdad y dominación. Quien no puede discernir entre las propuestas de los diversos partidos porque su instrucción y su cultura política no se lo permiten, otorga su voto alentado por emociones no por razones.

Son los partidos las entidades que dan cierto equilibrio a la lucha política, porque en ellos adquieren fuerza los grupos de uno u otro signo que, en otro contexto, no alcanzan la necesaria para defender sus intereses. De ahí que sea indispensable restituirlos en su función de conductores de la opinión ciudadana y del cambio social, con principios éticos, ideológicos y políticos que sustituyan al pragmatismo impuesto por el decante neoliberalismo.

Modelos Económicos


Jun
25
2006

El Partido Acción Nacional, Marta Sahagún-Vicente Fox y la más oscurantista reacción que se agrupa en “El Yunque”, además de otras organizaciones de la extrema derecha mexicana, han cifrado en el miedo de la ciudadanía la principal estrategia en contra de los adversarios de Felipe Calderón Hinojosa, su candidato a la Presidencia de la República.

Así se ha intentado sembrar el temor entre los electores, haciéndonos creer que la “vuelta al pasado” o el “retorno del populismo” que atribuyen al triunfo de sus oponentes, constituirían una “catástrofe para México de proporciones inimaginables”.

En el colmo de la estulticia, la propaganda blanquiazul difunde la especie de que los “populistas le van a quitar su casa a la gente”.

Como es evidente, las críticas de los panistas a sus oponentes obedecen al propósito de mermar las preferencias ciudadanas de estos últimos en las urnas. Por eso se afirma que el triunfo de cualquiera que no sea el abanderado panista, sería un desastre para todos los mexicanos.

Felipillo o el caos, son las disyuntivas que nos presenta el partido acampado en Los Pinos, lo que vuelve a comprobar que la derecha no es, nunca ha sido inteligente. Extremo suficientemente comprobado a través de los siglos.

Aunque es comprensible que Marta Sahagún-Vicente Fox, “El Yunque” y el PAN, luchen denodadamente por mantenerse en el gobierno del país, al igual que lo han hecho todos los grupos en el poder desde siempre, existen no pocas falsedades en su campaña que son fácilmente demostrables.

Ni catástrofe ni todos los males del mundo se cernirían sobre México en caso de que triunfe la oposición en la contienda por la Presidencia de la República el próximo 2 de julio.

Para exhibir la mentira implícita en el temor a que se ciña la banda presidencial alguien que resulte ser un autoritario, cabría afirmar que el pueblo mexicano, que tanto ha sufrido para conquistar la todavía emergente e injusta democracia que hemos logrado, jamás lo permitiría. Ahora existen instituciones capaces de acotar al poder y los equilibrios políticos que lo hacen posible.

Los mexicanos nos hemos propuesto rechazar cualquier tipo de autoritarismo y así será. Nunca más seremos gobernados por un autócrata.

Slim, ¿populista?

Asimismo y por cuanto hace al desastre económico que nos auguran en caso de que no votemos por Calderón Hinojosa, las ridículas falsedades del panfoxismo caen por su propio peso al tener en cuenta, aplicando su pueril lógica, con un solo hecho: la cercanía que Carlos Slim Helú mantiene, desde hace tiempo, con los opositores del panismo, Roberto Madrazo Pintado y Andrés Manuel López Obrador.

Es del dominio público que Slim Helú es el multimillonario más acaudalado de nuestro país, reiteradamente se le cita como el latinoamericano más económicamente poderoso, propietario de un fortuna que lo ubica como el tercer hombre más adinerado del mundo y en consecuencia es el mexicano más interesado en garantizar sus capitales en la presente coyuntura.

Si fueran ciertos los extremos que pregona la propaganda panfoxista, los aspirantes del PRI y del PRD no hubieran lucido tan frecuentemente al lado del mexicano más rico de nuestros días, por una sencilla razón: es precisamente él, Slim Helú, el que más perdería en el caso de que el gobierno que suceda al de Martha Sahagún-Vicente Fox, no garantice la estabilidad de su enorme riqueza. La tercera fortuna del planeta.

En cambio, no es fácil recordar la última vez que Felipe Calderón apareció al lado de Carlos Slim, a quien es muy difícil señalar como “populista” y que, como es obvio, nunca actúa sólo por simpatías personales.

Adicionalmente cabe subrayar que es absurdo suponer que Slim, quien ha formulado serias críticas a la política económica del presente sexenio, carezca de información precisa sobre lo que podría suceder en la hipótesis de que Calderón Hinojosa fracase en su empeño de ocupar la Presidencia de la República, como todo indica que sucederá, para relevar a Fox Quesada.

Sin embargo, las mentiras de fondo implícitas en la campaña de Calderón radican en las constantes críticas que hace a “la vuelta al pasado” y “al populismo”, cuyo retorno “significaría un retroceso” para el país y tendría, además “un elevado costo para la sociedad”, como asegura un centro de estudios económicos.

El Desarrollo Estabilizador

Al respecto cabe señalar que mucho antes de la vigencia del modelo neoliberal, que desde hace 24 años ha empobrecido brutalmente al pueblo mexicano, nuestra economía conoció periodos de extraordinario crecimiento. Hecho que los tecnócratas reiteradamente soslayan porque constituye una severa denuncia a su escandaloso fracaso.

En efecto, hubo tiempos de cierta bonanza en los que el modelo económico impuesto desde el poder no causaba estragos en las mayorías, como el que ahora obliga a los millones y millones que desde la vigencia del neoliberalismo en México se han visto en la necesidad de ir a Estados Unidos, en busca del trabajo que aquí se les niega por atender a los dictados de un reducido grupo de tecnócratas neoliberales y sus patrones extranjeros.

Veamos.

A partir de los últimos tres años de su gobierno, el presidente Adolfo Ruiz Cortines, (1952-1958) impulsó el establecimiento del modelo económico llamado Desarrollo Estabilizador, que dio notable prosperidad a México.

La decisión de Ruiz Cortines fue aconsejada por Antonio Ortiz Mena, quien poco después desempeñaría las funciones de secretario de Hacienda y Crédito Público en los regímenes de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz.

Durante esos quince años, el Producto Interno Bruto de nuestro país registró tasas de crecimiento anual del 10% en promedio, por lo que se le conoció en todo el mundo como “El Milagro Mexicano”.

En esas épocas se privilegiaba la política de sustitución de importaciones que tanto fortaleció a la planta industrial.

A partir del mandato del presidente Luis Echeverría Álvarez y también durante el periodo de José López-Portillo, el Desarrollo Estabilizador devino en Desarrollo Compartido para atender a las más ingentes necesidades de las mayorías.

A ambos modelos, hacen referencia los conceptos de “vuelta al pasado” y “populismo” que han utilizado Vicente Fox, Felipe Calderón y los demás panistas para descalificar las épocas de crecimiento real, que durante los 24 años del neoliberalismo depredador nunca se han podido superar.

Si los neoliberales Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y el propio Vicente Fox Quesada, hubieran mantenido las tasas de crecimiento que sostuvieron “populistas” al estilo de Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, la situación económica de México sería similar a la de países como Japón, China, Singapur, Hong Kong y Taiwan, entre otros,

De haber podido dar impulso a alguna actividad económica a semejanza del extraordinario incremento del turismo que consiguió Luis Echeverría Álvarez y consolidó José López Portillo, los polos turísticos de Cancún, la Riviera Maya, Puerto Escondido, Los Cabos y otros, serían muchos más y en ellos encontrarían trabajo buena parte de los millones de mexicanos que han emigrado, además de que habría más captación de divisas como las que aporta Quintana Roo a la Federación.

Los éxitos “populistas” están suficientemente documentados en obras como “La Política del Desarrollo Mexicano” de Roger Hansen, Siglo XXI Editores, México, “El Poder de los Presidentes en México”, de Berta Lerner de Sheinbaum y Susan Ralsky de Cimet, edición del Instituto Mexicano de Estudios Políticos, A.C., entre muchos otros sobre los que será conveniente volver.

En relación con los fracasos neoliberales, sólo es necesario leer cualquier periódico que de cuenta de los sufrimientos de más de 12 millones de mexicanos (cifra destacada por Jacobo Zabludovsky en su Programa radiofónico “De Una a Tres”, el día 21 del mes y año en curso) que para salir de la miseria han tenido que arriesgar la vida cruzando la frontera norte en busca del empleo que su patria les niega.

La resistencia al cambio


Jun
17
2006

La declinante importancia de los partidos en México, ya que ahora cuentan más las personas que los organismos políticos que los postulan, no ha disminuido la intensidad de la lucha por el poder que enfrentan los dos proyectos que siempre se han disputado el protagonismo histórico en toda sociedad: reaccionarios o conservadores en un extremo y los progresistas en el otro.

Invariablemente, las fuerzas políticas se polarizan entre quienes defienden el establecimiento, lo establecido, porque así conviene a sus intereses, principalmente los económicos, y aquellos que buscan cambiar el orden vigente ya que agravia a las mayorías. La posición intermedia no existe. Es una falsedad. El centro, en todo caso, es la derecha disfrazada, establece un conocido autor de las ciencias sociales.

La Historia de México al igual que la de cualquier otro país, no es, nunca ha sido, la lucha entre “buenos” contra “malos” o “pobres” contra “ricos”. Tampoco, específicamente en nuestro caso, el enfrentamiento entre “criollos” contra “peninsulares”; “liberales juaristas” contra “imperialistas”; “revolucionarios” contra “científicos porfiristas” y; “populistas” contra “neoliberales”.

En el fondo de la lucha por el poder en toda sociedad, siempre ha estado la vigencia del modelo económico imperante, los intereses.

A ello obedece la durísima campaña que el Partido Acción Nacional, el gobierno de Marta Sahagún-Vicente Fox y los sectores más reaccionarios, han emprendido para mantenerse en la Presidencia de la República, promoviendo la candidatura de Felipe Calderón Hinojosa.

Adicionalmente, es muy cierto, buscan protegerse de la investigación por sus escandalosas corruptelas y evitar el castigo que merecen, pero esto es francamente secundario. En el horizonte de la historia es irrelevante.

Los beneficiarios del modelo económico que desde 1982 tanto ha empobrecido a las grandes mayorías y con toda satisfacción heredó el panfoxismo, llevándolo a los extremos que han provocado la emigración de millones y millones de mexicanos hacia los Estados Unidos, defienden las políticas económicas neoliberales con las principales tácticas que la reacción ha empleado desde hace siglos: aterrorizar a la población, sembrando el temor al triunfo de los opositores políticos, además de descalificarlos y a sus propuestas.

Por ello, en los más frecuentes mensajes televisivos del PAN han estado sistemáticamente presentes el miedo a una posible vuelta al pasado, la acusación de que sus adversarios mienten, son “populistas” o postulan el “populismo”, son un peligro, etc., etc.

La resistencia al cambio que se manifiesta en la propaganda panista, es un fenómeno recurrente en la historia de la humanidad. Todos los grupos dominantes que se sustentan en un orden injusto, sobre la pobreza y la miseria de las mayorías, la han practicado con mayor o menor tolerancia de los pueblos, pero nunca han permanecido indefinidamente en el poder. El cambio es lo único absoluto. Detenerlo es imposible.

En este contexto, un hecho que ha sucedido en todos los tiempos y llama particularmente la atención, es la incapacidad de los grupos dominantes para percibir los claros signos de que su modelo económico está agotado y con él se extingue su permanencia en el poder que detentan. Lo demuestra en estos días la insensibilidad de los neoliberales ante las evidencias de que pronto serán desalojados de la conducción del país.

Sin embargo, hay en los señalamientos de la propaganda panista y neoliberal una gran dosis de mala fe cuando critica a los que llama “populistas”. Pretenden engañar a la ciudadanía con mentiras y distorsionando la historia.

Para señalar hechos muy conocidos en Quintana Roo, baste recordar que el general Lázaro Cárdenas del Río, en su calidad de presidente de la República, restituyó a esta entidad que había sido desaparecida. Además, por sólo citar un caso, si el “populista” autor de la Expropiación Petrolera no hubiera reivindicado para México el dominio sobre sus más preciados recursos naturales careceríamos del Soberanía Económica que tanto se ha empeñado en destruir el foxipanismo a pesar de que fue el punto de apoyo para el surgimiento del capital privado nacional..

Años después, otro “populista”, el presidente Adolfo López Mateos con la Nacionalización de la Industria Eléctrica, creó para México una de las más prósperas empresas públicas, la Comisión Federal de Electricidad.

En igual sentido, sin la extraordinaria visión del “populista” más criticado por Vicente Fox Quesada, el presidente Luis Echeverría Álvarez, Quintana Roo no sería la potencia turística que es hoy, para beneficio de miles y miles de mexicanos que aquí encuentran empleo y también para las finanzas nacionales que mucho apoyo reciben de esta entidad mediante la aportación de más de 40% de las divisas que por concepto del turismo ingresan al país.

Tampoco se debe soslayar que ese “populista” dispuso la conversión del entonces territorio, en el próspero estado libre y soberano que es hoy. Estado que ha recibido un trato inequitativo por parte de la Federación, como lo prueba el que todavía esté esperando los recursos del Fondo Nacional de Desastres, Fonden, que se maneja desde la Secretaría de Gobernación.

Son inimaginables los problemas que Quintana Roo y México vivirían sin la decisiva aplicación de la política de fomento al turismo que estableció Echeverría Álvarez, sin olvidar el impulso que dio a otros destinos como Los Cabos, Puerto Escondido, Puerto Vallarta y muchos más.

En cambio, los neoliberales únicamente han contribuido con un pavoroso empobrecimiento de las mayorías. No hay aportación alguna de su parte.

A ninguno de los “populistas” que reiteradamente critica la propaganda del miedo, puede acusársele de haber sido enemigo del capital privado. Por el contrario, fortalecieron las condiciones para la inversión privada nacional y extranjera. De otro modo no estarían asentados en los municipios con vocación turística de esta entidad, los miles de millones de dólares que contribuyen a su crecimiento.

Luis Echeverría Álvarez tiene que explicar su participación en los trágicos acontecimientos del 2 de octubre de 1968, en la matanza del Jueves de Corpus, 10 de junio de 1971, en la represión, los desaparecidos políticos y muchas cosas más, pero su labor en la promoción del turismo debe inscribirse entre los grandes logros de su gestión.

Si como gobernante fue “populista”, el capital privado, mexicano y del exterior, añora las facilidades que Echeverría le otorgó para crear riqueza y prosperidad en Quintana Roo y otros lugares del país. Éxito que ningún tecnócrata neoliberal ha logrado superar.

Mi México lindo y querido…


Jun
17
2006

A propósito del recién pasado Día de la Libertad de Expresión y a propósito de los sinsentidos que se dicen y luego se comentan como si el mundo se fuera a terminar. Hoy me propongo a hacer lo propio en aras de mi libertad para expresarme.

Como rezaba San Francisco de Asís, deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco. Yo le aumentaría, poco, sí pero de calidad.

Y eso precisamente deseo de mi México lindo y querido, un país que tenga política de altura, poco pero con calidad y no más de ese espectáculo a la Big Brother que nos están enjaretando todos los días.

Los medios masivos de comunicación nos están encajando una imagen de nuestro país fuera de la realidad. Nos insertan una idea terrible que si no abrimos los ojos a tiempo y nos defendemos, vamos a terminar creyéndole más a la parodia dominguera de “El Derecho de Mandar” y no a los aspirantes a guiar los Destinos de México o peor aún, estaremos perfilando a Lavolpe como Presidente Naturalizado de México.

Los analistas políticos, los periodistas y demás payasos de los mass media nos presentan escenarios que solo incitan a la reflexión de un México que necesita urgentemente de un icono en quién creer, aunque sea en la Selección de Fútbol. Eso es mucho.

Columnistas nacionales, internacionales, regionales y locales han aprovechado la guerra masiva entre López Obrador y Calderón para hablar de la cloaca de los políticos. Cloaca en la que ellos también están metidos pero como tienen el micrófono en su trinchera se curan en salud. Y es demasiado.

Dígame si no es evidente que los grandes medios de comunicación se sirven (y vaya que se sirven) de la cosa política y precisamente son los mass media quienes sacan la mayor tajada del pastel. Y es un montón.
Salvo aquellos que se mantienen al margen de las canonjías del cuarto poder, salvo aquellos que viven exclusivamente de sus salarios como son los reporteros del día a día. Y eso es mucho.

Pero regresando a mi deseo poquitero. Francamente, no me importa quien quede como Presidente de México.
Finalmente yo se por quien voy a votar y, gane o pierda, el tiempo seguirá transcurriendo y nuestros hijos seguirán creciendo y necesitarán mejores escuelas, mejor alimentación y mejores condiciones sociales en las cuales desarrollarse. Eso es demasiado.

Por eso, deseo un México en el que se pueda vivir honradamente; es decir, en el que pueda trabajar tranquilamente y gane lo justo para ir de vez en cuando al cine en familia, comprarle palomitas y refrescos a mis hijos, que se puedan subir a la rueda de la fortuna y disfruten de una tarde apacible en el parque de la colonia. Eso es poquito.

Un México en el que se pueda comprar alimentos, ropa y medicina de buena calidad y no en su segundo reciclaje. Por lo directo que resulta eso es poquito.

Un México en el que se aprenda lo justo en educación y se aplique lo justo en la Ley. Eso es poquito.

Un México de carne y hueso que le de gusto afrontar su realidad y no evadirla con alcohol y drogas.
Un México que no solo aspire a mejorar su imagen ante el pueblo mexicano sino que realmente mejore como pueblo ante el mundo. Eso es poquito.

Y es que ese poquito del que hablo solo se resume con una frase: Voluntad política. ¿Se podrá? Correcto, las cosas sencillas no son tan sencillas como se escuchan.

La pregunta es: ¿Cuál de todos los candidatos, incluyendo al excéntrico de las farmacias y al Subcomandante Marcos, sería capaz de construir una realidad así para nuestro México lindo y querido?.

¿Comentarios?, por favor que sean sin membrete a bamaros@yahoo.com

“Científicos” y “Neoliberales”


Jun
09
2006

En los momentos en que nos disponemos a participar en una contienda electoral que podría ser decisiva para marcar el rumbo del país, es necesario que los mexicanos hurguemos en nuestra historia para comprender el presente y decidir el futuro.

Hace cien años, un grupo de burócratas -“los científicos”- acampados en el área financiera de la Administración Pública Federal, bajo el liderazgo de José de Ives Limantour, secretario de Hacienda, ejercieron su poderosa influencia en los sucesivos mandatos de Porfirio Díaz Mori, presidente de la República durante casi 30 años, para evitar que desde el poder se realizaran los cambios que demandaba la realidad nacional. Entre ellos, principalmente, la reducción de la pobreza y la miseria que flagelaban a la enorme mayoría de los mexicanos a comienzos del Siglo XX.

El principal logro de aquellos funcionarios, en su mayoría graduados con pomposos títulos en instituciones de educación superior, algunas extranjeras, fue agudizar, con su resistencia al cambio, las condiciones económicas, políticas y sociales que propiciaron el estallido de la Revolución Mexicana el 20 de noviembre de 1910. La que costó muchas vidas pero significó el arribo de tiempos mejores para las clases trabajadoras de la ciudad y del campo. Y, sobre todo, la modernización de nuestro país.

Les decían “los científicos” en irónica referencia a su formación en las ideas de la filosofía positivista formulada por Augusto Comte, muy de moda en aquella época, por lo que no era bajo ningún punto de vista un elogio. Tenía, por el contrario, una fuerte carga peyorativa en alusión a la insensibilidad social de que hacían gala y a sus estilos extranjerizantes. El mote representaba también el rechazo que inspiraba, en no pocos sectores, el desprecio de ese grupo hacia al pueblo, particularmente a los más desposeídos y a los indígenas.

El hecho no era nuevo, por el contrario tenía varios antecedentes en la historia de México.

En efecto, para sólo citar uno, cien años antes, durante la primera década del Siglo XIX, otro grupo, el llamado de “los peninsulares”, que dominaba en el gobierno de la entonces Nueva España, se opuso a la moderación de las políticas de explotación inmisericorde que la metrópoli imponía en territorio de lo que hoy es nuestro país y a conceder a nuestros antepasados los derechos del hombre y del ciudadano.

Fue por ello que el 16 de septiembre de 1810, criollos y mestizos liberales, ilustrados y progresistas, con Miguel Hidalgo Costilla y Gallaga al frente, se alzaran en armas en contra de la dominación española en México y luego de una sangrienta lucha, que se prolongó un poco más de once años, nos liberaron del yugo colonial.

A semejanza de lo que sucedería un siglo después, en los años de la primera década de la antepasada centuria, también la miseria y la pobreza eran los principales problemas para la mayoría de los habitantes de lo que entonces se conocía como la Nueva España.

Tan críticas eran las abismales diferencias que José María Morelos Pavón, el más destacado luchador por la Independencia de México, todo un héroe de la Gran Patria Mexicana, en el apartado número 12 de su famoso documento Los Sentimientos de la Nación, señaló la necesidad de moderar “la opulencia y la indigencia y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.”

Las enormes desigualdades sociales siempre han constituido los más graves problemas de México. Invariablemente la opulencia ha sido detentada por un pequeño grupo, en tanto que pobreza y miseria han flagelado a las mayorías.

Y es así que en los albores de este Siglo XXI, nuestro país se encuentra en un escenario que tiene notables semejanzas con los dos anteriores en sus inicios.

En primer término está la situación de más de 70 millones de compatriotas que se debaten en la pobreza o la miseria.

Un solo hecho evidencia nuestra realidad actual: la migración de los 4 o más millones de compatriotas que se han ido a los Estados Unidos durante el gobierno panista, porque aquí no se generan los empleos suficientes. Señalamiento que desvirtúa las alegres cuanto fantasiosas cifras de la macroeconomía que pregona Vicente Fox Quesada, presidente de la República.

Cabe recordar que también el presidente Porfirio Díaz Mori, al igual que ahora hace Fox Quesada, presumía el crecimiento económico logrado por su larga permanencia en el mando de la nación. Crecimiento que nunca se tradujo en desarrollo puesto que no logró la elevación de los niveles de vida de las mayorías y en cambio propicio insultante riqueza de unos cuantos.

El optimismo foxista no tiene sustento. La cantidad de mexicanos que huyen en busca de sustento aumenta año con año, al igual que los muertos en el intento de trabajar honradamente allende el Bravo.

Una política económica incapaz de alimentar a su pueblo no tiene razón de ser. No se justifica. Debe desaparecer.

Otro notable parecido entre lo que sucedía hace cien años y lo que acontece ahora, es el predominio en la vida política nacional de un grupo de servidores públicos, la mayor parte formados en instituciones de educación superior, con estudios de postgrado en el extranjero, conocidos como “neoliberales”, que controlan, desde 25 años atrás, el diseño y aplicación de la política económica del Gobierno Federal.

Al igual que aquellos “científicos, los “neoliberales” iniciaron su incursión en la Administración Pública a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en las postrimerías de los años 70. Y a partir de esa dependencia se extendieron a todo el gabinete económico, integrándose en el centro del poder desde donde emanan las principales decisiones gubernamentales.

A semejanza de los “científicos”, los “neoliberales” han tenido en los cuatro últimos sexenios, este incluido, formidables éxitos en la fabricación de millones de pobres que viven por debajo del nivel de subsistencia. También en exacerbar los conflictos políticos y sociales.

Entre los autores de ese espectacular logro pueden anotarse los nombres de los tres últimos presidentes de la República surgidos del Partido Revolucionario Institucional, al que alejaron de sus orígenes sociales, y a Francisco Gil Díaz, secretario de Hacienda y Crédito Público del gobierno que ejercen Martha Sahagún y Vicente Fox.

Los asesores de Porfirio Díaz se asumían seguidores del pensamiento de Comte y normaban su actuación por el positivismo en forma contraria a los intereses populares, en tanto que vislumbraban un milagro económico que no existía en la realidad.

A su vez, los “neoliberales” también destacan éxitos de la macroeconomía que sólo han agravado los dramáticos contrastes sociales y consideran mandamientos religiosos los dictados del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial que constituyen el fracasado modelo económico neoliberal impuesto a México por esas instituciones financieras internacionales.

El paralelismo histórico es verdaderamente asombroso, en particular porque la pobreza y la miseria en nuestros días son tan peligrosas para la paz pública, como lo fueron en 1810 y 1910. Además, como entonces, la presencia de un grupo que, por mantener la vigencia de un modelo económico que sólo favorece a una minoría, se opone al cambio que beneficie a más de 70 millones de mexicanos acentúa los problemas y dificulta la aplicación de soluciones.

En el pasado, los “científicos” utilizaron su ascendiente en los gobiernos de Porfirio Díaz para aplicar políticas económicas y sociales que empobrecieron a las mayorías. En nuestros días, los “neoliberales” desplazaron a los políticos priístas sensibles a las carencias sociales, para aplicar políticas que también han propiciado el aumento en los índices de marginación, además de mantener y aumentar su influencia en el presente régimen panfoxista.

Todo lo anterior no implica que la historia tenga que repetirse exactamente igual a lo acontecido hace cien o doscientos años, pero debe llamar nuestra atención.

A diferencia de quienes en 1810 y 1910 no tuvieron otra alternativa que optar por la vía armada para acceder a un verdadero cambio, el próximo 2 de julio los electores tendremos la oportunidad de eliminar en forma pacífica y democrática al modelo económico que tanto daño nos ha causado, no votando por Felipe Calderón Hinojosa, aspirante a la Presidencia de la República y los demás candidatos del Partido Acción Nacional.

A largo plazo todos estaremos muertos


Jun
06
2006

En el escenario aparente, nuestro país se encuentra inmerso en una reñida contienda electoral en la que participan posiciones ideológico-políticas de centro, derecha e izquierda.

Se pretende que bajo las reglas de la democracia occidental, renovaremos los poderes ejecutivo y legislativo de la Unión, aunque sea en el marco de la más desaseada contienda cívica que hayamos conocido en toda nuestra historia.

En este contexto, sin rubor alguno, Vicente Fox Quesada, presidente de la República, titular del autollamado gobierno del cambio, presume logros de su desastroso régimen que sólo existen en su fantasiosa mente y en las tarjetas que le redactan sus colaboradores.

De manera simultánea, todos los recursos del Gobierno Federal se aplican a realizar una elección de Estado para que la noche del próximo 2 de julio Felipe Calderón Hinojosa, candidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República, sea proclamado sucesor de Fox.

Con absoluta carencia de principios morales y ética política, desde la residencia oficial de Los Pinos y las oficinas del PAN, la ultraderecha ejerce la llamada guerra sucia lanzando toda clase de descalificaciones a sus adversarios.

Entre las estrategias para mantenerse en el poder, se encuentra la Campaña del Miedo, misma que la ultraderecha ha aplicado en todo tiempo y lugar.

Ha sido y es el recurso propagandístico favorito de la reacción, como recientemente quedó demostrado cuando José María Aznar, expresidente de España y fallido promotor de Calderón Hinojosa, quiso engañar al electorado de su país afirmando que los bombazos al ferrocarril urbano de Madrid fueron detonados por la guerrilla interna.

El resultado, como bien sabemos, fue la estruendosa derrota del Partido Popular en que milita Aznar y el triunfo de José Luís Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista Obrero Español, hoy gobernante de la Madre Patria.

Parte de la Campaña del Miedo es también sembrar a la calumnia como una verdad. “Una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad absoluta”, decía Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Adolf Hitler, canciller del nefasto Tercer Reich alemán, señalan algunos biógrafos de estos personajes de triste memoria.

“Calumnia que algo queda”, puede añadirse al catálogo de las recetas nazis de propaganda que tan bien imitan los panistas.

La lucha del foxipanismo no conoce límites; hará cuanto pueda para mantenerse en el poder. Por ello resulta un tanto ingenuo conminar a Fox y al PAN a que actúen con la decencia que reclamaban hace tan sólo 6 años.

En la historia de la democracia occidental, ningún régimen de la ultraderecha ha entregado el poder reconociendo pacíficamente su derrota electoral, a semejanza de la actitud mostrada por Daniel Ortega Saavedra, presidente de Nicaragua por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, quien cedió el mando de ese país a Violeta Barrios de Chamarro.

Antes de ser desplazadas, las derechas han agotado todo cuanto estuvo a su alcance, incluyendo el fraude electoral, la represión violenta o la agresión verbal.

Disputa por el modelo económico.

Sin embargo, a pesar del ruidoso escenario, en realidad lo que está a debate en medio de tanto escándalo electoral es el modelo económico, algo de mucha mayor importancia que un simple relevo de personas por medio del sufragio popular.

En un extremo, los grupos neoliberales que tanto han empobrecido a los mexicanos con la sumisión a los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se aferran al poder que les permite favorecer a unos cuantos en perjuicio de las mayorías. Es preciso admitirlo: los intereses que los apoyan son muy poderosos e irracionales. No será fácil desplazarlos.

El discurso que infructuosamente intenta disimular el total fracaso de la tecnocracia neoliberal, ofrece que de seguir las líneas de política económica establecidas a partir del gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, léase el neoliberalismo, poco a poco iremos mejorando los niveles de vida de los más de 70 millones de mexicanos que se debaten entre la pobreza extrema y la miseria.

Por ello, Vicente Fox propone cambiar de jinete pero no de caballo. En esta lógica, el caballo sería el modelo económico y el jinete el presidente de la República. De seguir por el mismo camino, dice, “mañana México será mejor que ayer”.

Sólo que hay un hecho: los casi 25 años transcurridos desde 1982, han sido tiempos de hambre, pobreza y miseria para 70 millones de mexicanos y de emigración hacia los Estados Unidos para al menos otros diez millones.

Al respecto viene al caso recordar aquella lúcida sentencia condenatoria de las recetas económicas que garantizan para un lejano futuro, la solución de los problemas económicos:

“A largo plazo todos los problemas serán resueltos, pero a largo plazo todos estaremos muertos”.

Es así que cabe plantear:

¿Cómo puede justificarse solicitar a millones de personas que vivan existencia muy precaria, mientras se crean las condiciones de prosperidad que beneficien a todos?

¿Cuándo se alcanzará la Justicia Social, dentro de otros 25 años? Para entonces, no pocos de nosotros ya no viviremos.

Por ello, hay en la propuesta de que millones de mexicanos posterguen la satisfacción de sus necesidades una fuerte carga de burla y desprecio hacia quienes no tuvieron la fortuna de nacer en un hogar sin carencias.

Esa es la verdadera disyuntiva que afrontaremos en las urnas: continuidad o búsqueda de un modelo económico menos lesivo para millones de mexicanos, la mayoría de los cuales todavía no han nacido.

Si no se impone la elección de Estado, los votantes tendremos la palabra.

La Selección (Decepción) Nacional Politizada


Jun
01
2006

Dicen que en la guerra, en el amor y en la política todo se vale. Y tanto se vale que hasta la parte más pura, primitiva y plural que tenemos los mexicanos dentro del fútbol ha sido vilmente deshonrada.

Me he desilusionado de Francisco “Kikín” Fonseca y de sus otros tres o cuatro compañeros seleccionados que hicieron públicas sus declaraciones en apoyo al oficialista candidato de Fox, Felipe Calderón Hinojosa.

Desilusión, decepción, desconsuelo y un amargo sabor de boca seguramente sentimos millones de mexicanos que pretendíamos olvidar los “complots”, “manos limpias”, “Alianza por México”, entre otros, y fincábamos nuestra fe en un grupo de futbolistas que representaban, en esa parte pura, primitiva y plural a la que me refiero, a los gladiadores contemporáneos de nuestro México.

Hemos tolerado que la propaganda política esté inserta en las transmisiones de las televisoras (a final de cuentas venden su tiempo aire al que le llegue al precio), mientras los jugadores profesionales hacen su trabajo para cumplir con su contrato y sus metas personales.

La parte más pura y relajante del fútbol televisado.- Aunque nos molesten esos avisos siempre los hemos tomado como cosa aparte. Al menos, en lo personal veo en el fútbol el remanso de paz que separa la política, la economía, los temblores, los tsunamis, las guerras, los pecados, los problemas familiares y el mismo trabajo.

Seguirle los pasos al equipo de nuestra predilección es un pasatiempo que en muchos países, como el nuestro, se vuelve una religión. Hasta podemos ganar un poco de plata si le apostamos a la quiniela. Es un mundo aparte, una realidad aparte.

La parte más primitiva.- Ver el fútbol es encerrarnos en una cueva en la que no permitimos que nadie nos hable sino hasta que termine el primer tiempo reglamentario y regresamos a la realidad después de los comentarios finales del partido.

Observar el despliegue físico de los gladiadores en busca de una pelotita que será insertada en un marco protegido, es una sensación de las más primitivas del ser humano.

Convertir en ídolos, casi dioses, a los jugadores que para nosotros representan la oportunidad que nunca tuvimos de hacer lo que más nos gusta. Desfogar nuestras frustraciones del día, de nuestros días, de nuestra vida frente al aparatito televisivo es algo llevadero, algo que nos permite soportar nuestra realidad.

La parte más plural de nuestra identidad nacional, deportivamente hablando.-
Son representantes de todos los clubes de fútbol profesionales de un país. Nación que finca su orgullo en los resultados obtenidos en las competencias deportivas, no importando de dónde vengan sus elementos, aún si son nacionalizados.

Finalmente son patriotas que están en una guerra deportiva que al llegar a la Selección Nacional de Fútbol pierden los colores de sus equipos para convertirse en uno solo.

La decepción y desconsuelo.- El hecho de que un grupo de seleccionados nacionales haga público su respaldo a un candidato presidencial decepciona porque dejan de ser semi-dioses deportivos para ser simples paleros políticos.

Podremos decir que son seres humanos, que tienen intereses personales, y demás justificaciones pero nada de lo que digan, ya, reconstruirá la poca fe que se le tenía a la Selección Nacional.

Desconsuela saber que los jugadores de la Selección Nacional no están enfocados en lo que tienen frente a sus narices y se desacreditan ante aquellos fanáticos que no entienden más que de fútbol y que están hartos de las campañas políticas y de las guerras sucias, de la violencia en el mundo y de tanta realidad.

Honestamente, ya no me interesa saber quién ganará el mundial porque los seleccionados de México no están pensando en ser campeones. ¿Comentarios?, por favor que sean sin membrete a bamaros@yahoo.com

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