Siempre por la puerta de atrás
A partir de 1988, en México quienes accedieron al cargo de presidente de la República lo hicieron como resultado del fraude electoral o campañas sucias, plagadas de mentiras y, sobretodo, por la inducción del miedo. Hecho que pretende reeditarse el próximo primero de diciembre con la toma de protesta del espurio Felipe Calderón Hinojosa.
Al igual que Calderón Hinojosa, quien tuvo que llegar a la sede del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación por la puerta de atrás y por ella salir -porque el pueblo repudia su imposición- para recibir el documento que lo acredita como presidente electo de México, el neoliberalismo arribó disfrazado, bajo la sombra del Partido Revolucionario Institucional, a la conducción de la política económica y social y sólo mediante el atraco electoral y las malas artes se ha mantenido en el poder.
A pesar de que ha tenido tiempo suficiente para mostrar sus bondades, si es que las tiene, el proyecto neoliberal en México ha constituido un sonoro fracaso y los resultados de las políticas que puso en marcha están a la vista: más de 60 millones de mexicanos se debaten en la pobreza extrema o miseria, cuya existencia hasta Calderón Hinojosa, el ilegítimo por los siglos de los siglos, reconoce.
La disputa por la nación
En 1981, Rolando Cordera y Carlos Tello visionariamente definieron los perfiles de dos proyectos de nación que entonces, al término del sexenio de José López Portillo, reclamaban la conducción de la política económica y social de México. En la famosa obra de la que ambos son autores, intitulada “México: La Disputa por la Nación, perspectivas y opciones del desarrollo”, (primera edición “Siglo XXI Editores”, S.A., México, D.F., 1981), denominaron a uno de esos proyectos nacionalista y al otro neoliberal. Según ellos, el proyecto nacionalista “tendría como inevitable punto de arranque la revitalización del discurso y de la trama jurídico-institucional a que dio lugar la Revolución Mexicana y que recogió en lo esencial la Constitución de 1917”.
Por lo que respecta al otro proyecto, señalaron que “la reestructuración del capitalismo en una dirección neoliberal ha logrado indudable notoriedad en los países del cono sur de América Latina, donde el retorno a las instituciones del mercado libre ha alcanzado la categoría de política económica dominante, …”. Y para mayor precisión, asentaron: “Sin embargo, el regreso al liberalismo económico y su presentación como la vía óptima para encarar y superar la crisis actual del sistema capitalista tiene su origen en los países centrales, y sus principales promotores en las elites del gran capital financiero y
monopólico transnacional. Es ahí –añadieron- donde se ha puesto en circulación la idea de que sólo a partir de una depuración profunda del sistema económico y social forjado en la posguerra al calor de la política keynesiana y el ‘Estado benefactor’, será posible que el capitalismo se ponga de nuevo en movimiento y alcance estadios superiores de progreso económico y estabilidad financiera.”
La era neoliberal
Meses después de la publicación del libro de Cordera y Tello, la disputa entre los proyectos o modelos económicos de desarrollo favoreció al neoliberal. Lo que aconteció al asumir Miguel de la Madrid Hurtado la Presidencia de la República, el primer día de diciembre de 1982 y desde entonces está vigente. A partir de ese año se inició el desmantelamiento de la política social del gobierno federal que, no exenta de errores y monstruosas corrupciones, constituía un importante factor para mantener y en algunas ocasiones significativamente elevar los niveles de vida de las mayorías, obteniendo con ello largos periodos de estabilidad social.
Se trataba, citan Cordera y Tello, “… de limpiar a la economía y a la política capitalistas de todas aquellas adiposidades y trabas que impiden el despliegue libre y dinámico de las potencialidades productivas …”. Lo que en el papel luce muy bien y hasta recomendable, pero que en la realidad condenó a la miseria, y sabían que así sería quienes lo aplicaron, a más de la mitad de los mexicanos y redujo drásticamente el poder adquisitivo de las clases medias. Así, con la proletarización de los sectores intermedios, en nuestro país se ahondaron, abismalmente, los contrastes sociales y nos transformamos en una nación poblada únicamente por un reducido número de ricos, muy acaudalados, y millones y millones de pobres o miserables.
El inmediato rechazo popular al neoliberalismo
La inconsulta imposición del modelo neoliberal y su agresividad hacia los que menos tienen, de inmediato suscitó un profundo rechazo social y tuvo graves consecuencias políticas, particularmente evidentes en un debilitamiento de la alianza del Estado con las clases populares, tanto las agrupadas en los sectores obrero, campesino y popular del PRI, como las integradas en organizaciones independientes. En esa tesitura transcurrió el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) en medio de la peor crisis económica de que entonces se tenía memoria, sin alcanzar ninguno de los logros prometidos por el proyecto neoliberal y con una inflación nunca antes registrada en la economía mexicana del siglo XX.
Simultáneamente se abrió paso una creciente inconformidad al interior del PRI, que se manifestó en profundas divisiones. Entre ellas la escisión de un nutrido grupo de militantes con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Porfirio Muñoz Ledo al frente, quienes pugnaron porque Carlos Salinas de Gortari no fuera ungido candidato a la Presidencia de la República en las elecciones que tuvieron verificativo en 1988. Por ello, al postular a Salinas aumentaron las críticas y las deserciones en el tricolor.
Por su parte, en torno a Cárdenas Solórzano se agrupó un gran movimiento conformado por partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanas, denominado Frente Democrático Nacional.
El primer fraude electoral de la era neoliberal
Ante la fuerza de ese movimiento, el gobierno de De la Madrid, los sectores retardatarios y los poderes fácticos recurrieron al fraude electoral para imponer al ilegítimo Salinas de Gortari en la Presidencia de la República. Para ello, el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz instrumentó el tristemente célebre operativo que provocó la “caída del sistema”, que al interrumpirse daba como ganador de la contienda electoral de 1988, por amplio margen a Cárdenas Solórzano e inmediatamente después de que fue reactivado señaló el triunfo de Salinas.
Al concluir el sexenio que ilegítimamente encabezó (1988-1994), luego de la nunca esclarecida muerte de Luis Donaldo Colosio Murrieta, Salinas, al margen de la propaganda oficial nada tenía que ofrecer al empobrecido pueblo mexicano. El país próspero y primermundista a que constantemente se refería, solo existió en su perversa imaginación. Por el contrario, aumentó la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, la corrupción a extremos increíbles y la pobreza en la inmensa mayoría.
En consecuencia, Salinas, los sectores retardatarios que lo impusieron y los poderes fácticos, ante el fracaso del modelo neoliberal que nunca han reconocido, instrumentaron a favor de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) una campaña del miedo que tuvo entre otros referentes el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, más la sistemática descalificación de Cárdenas, en la que menudearon los insultos, las ofensas y las calumnias al candidato del FDN, imputándole también ser la avanzada de un retorno del populismo, todo ello desde la tribuna privilegiada de la televisión.
A su vez, a pesar de que la macroeconomía, según las cuentas de los tecnócratas neoliberales iba muy bien, el propio Zedillo y los mismos intereses que apoyaron a Salinas, previendo que Francisco Labastida Ochoa, candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República en el año 2000, cumpliera en el ejercicio del poder ciertas promesas de campaña, que irían en la línea de disminuir algunos de los nocivos efectos del modelo neoliberal, optaron por apoyar a Vicente Fox Quesada.
Y es así que el temor a que un gobierno federal presidido por Andrés Manuel López Obrador cambiara las condiciones que favorecen la subsistencia del caduco neoliberalismo en nuestro país, que sigue beneficiando a unos cuantos y margina a la mayoría de los mexicanos, provocó una gran alianza de los sectores más retardatarios del PRI, jefaturados por Elba Esther Gordillo Morales, el panfoxismo y los infaltables poderes fácticos en contra del aspirante de la Coalición por el Bien de Todos, a través de la más sucia campaña electoral en la Historia de México.
Repudio total al fraude electoral
Sin embargo, en esta ocasión pesan mucho los efectos de un cuarto de siglo de empobrecimiento a causa de un modelo fracasado, mantenidos en lo político por el fraude electoral y la indignación popular por la burla descarada y las campañas sucias. Además, ahora existe conciencia ciudadana y una organización social que no estaba articulada en 1988, capaz de echar por tierra al espurio Felipe Calderón Hinojosa.
La paciencia del pueblo mexicano ha sido puesta a prueba y será inapelable, inatacable, la fuerza de la decisión que al respecto el propio pueblo asuma. El pueblo mexicano, como siempre, estará a la altura de los retos que enfrenta y habrá de superarlos. De eso, no hay, no debe haber duda.