Polvo: Y sin embargo, se mueve
En anterior entrega señalamos que la reacción, por decreto, había anunciado “la muerte de la Revolución Mexicana”. Intelectuales y analistas afines a los dictados de Fox adelantaron vísperas y trataron como armatoste la primera revolución social del siglo XX. Se burlaron de quien, en el pasado reciente, les dio de comer y, sin argumentos, ignoraron un pasaje importante de nuestra historia patria.
Por supuesto, olvidaron que ese movimiento creó las instituciones que ahora gozamos y que sin él no hubiera sido posible el Municipio Libre, la libertad de asociación obrera a través de los sindicatos o el ejido, entre muchos otros logros.
Claro que atendieron al hecho que hace 100 años, las torpezas y los excesos de una plutocracia cada vez mas alejada de los intereses sociales fue derrocada por los “calzonudos” que exigían entre otras cosas Tierra y Libertad o un Sufragio Efectivo y la No Reelección. Se entienden sus reacciones, pero no se comprende el por que se hacen en el último palmo del camino y cuando López Obrador se dispone a “asumir” su presidencia legítima el mismo día. ¿Cobardía o precaución?
Ahora, el voz-cero (babocero le dicen algunos, yo no, que conste), con lectura torpe, primera vez que lee un comunicado, vacilante y llena de errores, determinó que la celebración de la Revolución Mexicana sería un simple mensaje del Señor Fox, teniendo como fondo una fotografía del místico y esotérico revolucionario Francisco I. Madero. Son comprensibles las revanchas, pero ¿se aceptan estas al final del camino y ante un hecho que las presiona?
Las respuestas a la cancelación del desfile deportivo han sido avasallantes. De cobarde, pusilánime o secuestrado por grupos minoritarios, no han bajado al señor que habita en Los Pinos. Ha sido una ofensa a mucha gente, no a un partido político como se ha tratado de vender esta minimización. Con esta determinación los pocos grandes deportistas Mexicanos se harán mas ausentes de quienes los han hecho ídolos y la comunicación, al menos en la capital del país, quedará interrumpida para mejor ocasión.
Cierto, muy cierto, que el desfile conmemorativo de la Revolución inició con un modelo muy soviético, donde los burócratas trataban de ser insertados por el régimen, como ejemplo de lo bien que era éste. Así teníamos a los deportistas de tal o cual secretaría de estado enfundados en pants, chamarras deportivas y zapatos de vestir, ellos y las damitas, con igual atuendo pero calzando tacón alto, luciendo sus frondosos y prominentes vientres, producto, no del ejercicio, sino de la ausencia del mismo.
Con el tiempo, estas imágenes fueron cambiando para dar paso, ahora sí, a verdaderos deportistas que realizaban “evoluciones”, así se dice en el argot, y tablas gimnásticas; pero el plato fuerte lo empezaron a constituir nuestros escasos, muy escasos deportistas triunfadores. Los Valenzuelas, Higueras, “Tibios”, Guevaras, González, Capillas, Sánchez, Pipinos y otros puñados de glorias deportivas hicieron su aparición y le dieron realce al evento. La prensa extranjera, en ese momento volteó la mirada a una conmemoración tan emblemática de nuestro país, pero sobretodo para destacar la forma en que se recordaba una guerra interna. Ni modos, cosas del ancient regime.
Lo que molesta de esta revancha, y que es casi unánime, es que el señor Fox no tenga los arrestos que presumía en su campaña, para resolver cosas tan nimias como las que tratamos aquí.
Tardes Oscuras
Nací y crecí en una población cercana al estado de Oaxaca. Mi madre es de ese estado y conozco algunos de sus problemas. Mi infancia fue como la de muchos, sin riquezas, pero con salud y mucho cariño de mis padres. Recuerdo las tardes lluviosas y los partidos de fútbol; las idas y venidas constantes a Tuxtepec y las mojarras fritas del Papaloapan. Recuerdo con mucha luz mi infancia.
Lamentablemente también hubo algunas tardes que recuerdo oscuras: el fallecimiento de un amigo y las sangrientas incursiones de dos gavilleros (así les decía la nota roja) que hicieron historia al final de la década de los sesenta y quizás, no recuerdo bien, a principios de los setenta.
Margarito Cáceres y Tomás Sánchez Vitorero, (a) Tomás Sánchez Ramos, (a) Tomasín, cada uno en su momento, fueron personajes dignos de película que iniciaron sus carreras delictivas peleando contra pagos injustos por la caña o por la fruta que producían, por parte de transnacionales asentadas en los límites de Oaxaca y Veracruz. En ese entonces, las noticias de los asaltos y los muertos llegaban en calidad de rumor, y oscurecían mis tardes.
Margarito Cáceres realizaba sus operaciones del lado de Veracruz y Tomasín tenía su base de operaciones en Cosolapa, Oaxaca. No había narco, pero la violencia era del tamaño del miedo que teníamos todos.
Ya convertidos en leyendas a ambos los mató el ejército. No pudieron con ellos, ni la Columna Volante (policía rural de Veracruz), ni los Chaparros (policía rural de Oaxaca). Las noticias, sí, llegaron por las tardes.
En el inter, y animada por ese clima de violencia del cual uno de sus integrantes era parte, se libró una batalla a muerte entre dos familias, los Sánchez de Cosolapa, Oaxaca y los Lozano de Tezonapa, Veracruz. A estas poblaciones las dividen, entre muchas historias, solo una calle. Los límites geográficos llegan hasta la iglesia católica, donde se sentaban a participar del servicio religioso, en un lado, los Oaxaqueños y en el otro los Veracruzanos. Si, adivinaron, son el Cosolapa y el Tezonapa que acaban de salir en los medios y otra vez, enmarcando el clima de violencia que vive esa zona del país.
¿El problema? Un lío de faldas entre el patriarca de los Sánchez y una dama de la familia Lozano. De esos tamaños son las diferencias y las complejidades que generan cosas tan simples en esa zona.
Los Appo’s estuvieron en Quintana Roo arengando su lucha y buscando apoyos. Como siempre el PRD los cachó e hizo suyas sus demandas. No saben en la que se meten.
Algunos de los Perredistas de Quintana Roo son de esa zona del país; algunos deben compartir los recuerdos que tengo de esa épocas, por que somos de edades similares; a algunos de ellos esos recuerdos les habrán oscurecido sus tardes, como a mí. Y si no, de todos modos a ellos me dirijo: Oaxaca no es la guerrilla Light, la de tinta e Internet como la de Sebastián Guillén.
No señores, nos oscurezcamos las tardes de nuestros hijos, ahí hay balazos y no al aire.
Por cierto, en ese pleito entre familias, dicen, hubo más de 100 muertes en menos de dos años. Problemas y reacciones bastante ajenos a los problemas y realidades que vivimos en Quintana Roo. ¿No lo creen?








Comentarios
Publicado por: No me llame. | Agosto 6, 2007 06:40 PM
Publicado por: Anonymous | Agosto 12, 2007 09:05 PM
Publicado por: Anonymous | Agosto 12, 2007 09:06 PM
y no mataban por matar solo defendian a su familia y sus propiedades.
hoy queremos olvidar pero es mas grande el rencor... y los recuerdos demasiado doloroso para hacerlo.
Publicado por: Anonymous | Agosto 12, 2007 09:11 PM