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De recinto deportivo a salón de baile: el triste destino del "Beto Avila"


Ago
10
2006

La historia del Beto Avila se remonta a principios de la década de los años 80 cuando en un terreno los promotores del beisbol en Cancún construyeron un campo, para quienes todos los fines de semana practicaban el rey de los deportes.

Pero sería hasta el año de 1995 cuanto el inmueble tomó la forma de un verdadero recinto deportivo, todo porque un año después llegaría a la ciudad Langosteros de Cancún, un ambicioso proyecto deportivo impulsado por el ex gobernador Mario Villanueva Madrid, hoy recluido en el penal de La Palma, Estado de México, acusado de vínculos con el narcotráfico.

En ese entonces, las autoridades del estado decidieron invertir en la adecuación del estadio que por vez primera recibiría a equipos de la Liga Mexicana de Beisbol.

Se construyeron las gradas que hoy vemos; se levantaron las bardas de los jardines; se colocaron las enormes torres para la luminaria; la entrada al recinto ya contaba con rejas y taquillas; y se construyeron los palcos en donde uno de ellos, el palomar, destacaba por su tamaño y por encontrarse en la parte más alta, era el sitio donde los directivos apreciaban los partidos de los caza crustáceos.

Durante los tres primeros años de Langosteros de Cancún en la Liga Mexicana, todo era miel sobre hojuelas, pues el equipo ganaba cada vez mayor presencia en el circuito veraniego y se convertía en una novena de respeto.
Tres postemporadas seguidas hablan por sí solas del trabajo de los peloteros que en ese entonces dirigía Francisco “Paquín” Estrada, hoy reconocido como uno de los mejores managers de beisbol en el país.

A la salida de “Paquín” del club y de Mario Villanueva de la gubernatura en el año 1999 todo se vino abajo.
El equipo fue desmantelado a más no poder en cada una de las temporadas que siguieron y el desinterés del gobierno estatal por revivir al club quedó de manifiesto con Joaquín Hendricks Díaz como mandatario quintanarroense.

Llegó el 2003 y por fin el ex gobernador logró su cometido: vender al equipo por considerar que era una carga para la administración estatal.

Y aunque la ilusión porque el equipo saliera del bache de cinco campañas para olvidar, creció por la llegada de la familia Mansur como dueños de la franquicia, todo se desvaneció dos años después con el anuncio de que Cancún y Quintana Roo se quedaban sin equipo de LMB. La novena se marchó en este 2006 a Poza Rica, Veracruz, ahora bajo el mote de Petroleros.

¿Quién dejó ir a Langosteros?

Desde su llegada a Cancún, José Antonio y Chara Mansur , dueño y gerente general del club, y padre e hijo respectivamente, se encontraron con una muralla llamada burocracia en el municipio de Benito Juárez y en general en la entidad.

El proyecto que presentaron a las autoridades y a la afición local era muy ambicioso y posible de concretarse.
Los directivos veracruzanos querían hacer revivir al Langosteros protagonista de la LMB y querían tener un estadio de primer nivel. Querían en sí, que ese crecimiento deportivo dentro del campo se diera al mismo tiempo con la modernización del inmueble de la supermanzana 21 y una mayor respuesta de la afición.

Pero nada se pudo concretar.

Todo se desplomó.

Los dos años que permanecieron en la plaza, los Mansur se toparon con que todo era importante para las autoridades municipales, encabezadas en ese entonces por Juan Ignacio García Zalvidea, quien también se encuentra preso, pero éste en la cárcel municipal de Cancún acusado de peculado, menos el deporte.

Los Mansur consideraban inconcebible que a escasos días de que iniciaran las temporadas 2004 y 2005 de la Liga Mexicana, el Beto Avila fuera rentado para organizar eventos musicales y religiosos.

Lo lamentable, dijo José Antonio Mansur en su momento, es que después nadie se quería hacer responsable de rehabilitar el terreno de juego ya con la temporada encima.

Fueron dos años en que, finalmente, la directiva tuvo que desembolsar para resarcir los daños que otros provocaban.

Y es que el ayuntamiento de Benito Juárez al ser el dueño del Estadio Beto Avila podía disponer de él cuando quisiera.

“Ya hemos solicitado que se nos concesione el inmueble pero sólo recibimos trabas”, declaró Chara Mansur cuando la desesperación ya hacía presa de la directiva langostera.

Tras la salida de García Zalvidea del gobierno municipal y de Hendricks Díaz del gobierno estatal, en la familia Mansur renació la esperanza de que cambiaran las cosas, ya que Francisco Alor y Félix González, quienes asumían las dos administraciones en el orden que aparecen, habían prometido todo el apoyo para seguir adelante con el proyecto. Pero ninguno de los dos cumplió.

Todo se complicó en octubre del año pasado cuando el huracán Wilma azotó las costas del norte de Quintana Roo.
La ciudad de Cancún quedó semidestruida y sumida en un caos total.

El Beto Avila no se salvó.

“Wilma se llevó a nuestros Langosteros de Cancún”, aseguraban los más moderados. Pero para otros, el ciclón sólo fue el pretexto para que de una vez por todas los Mansur cumplieran sus intenciones que jamás quisieron reconocer en público, que era regresar a Veracruz con un equipo de besibol de la triple A.

Otros aseguraron que el gobierno del estado y el municipal se pudieron quitar por fin ese peso de encima por “no poder” cumplir con lo prometido.

Sigue convertido en salón de baile

Desde el paso del huracán nada ha cambiado en el Beto Avila, a excepción de la impresión desoladora que da al acercarse a él

Los panorámicos ya no existen, los asientos en las gradas se caen a pedazos y las enormes torres que por las noches iluminaban los juegos de Langosteros jamás volvieron a ser levantadas.

Y como es costumbre, el inmueble se sigue rentando para organizar eventos musicales.

“Es una lástima que a un estadio como el Beto Avila no le den la importancia que merece por su historia y por lo que debe significar a las autoridades como centro deportivo que es”, comenta René Martín Soberanis, presidente de la Asociación Estatal de Beisbol, quien hace una dura crítica a quienes dirigen el deporte en la demarcación.

“Al director del deporte (Amador Gutiérrez Güigüi) no le importa el deporte, no tiene ningún compromiso con los espacios deportivos, no le interesan”, denuncia.

Y advierte, “no cesaremos hasta conseguir que el Beto Avila sea la sede de una academia de beisbol en la que se les dé cabida a los deportistas de alto rendimiento y a quienes sueñan con serlo.

“Haremos movilizaciones para que las autoridades nos hagan caso y dejen de poner el pretexto de que no hay recursos. Ellos (los funcionarios) nos utilizan para sus campañas políticas y después se olvidan de nosotros”, asegura.

Por otro lado, Martín Soberanis descalifica que la administración del deporte, a la que llamó será la del “trienio del basquetbol”, siga organizando conciertos cuando son otros los que le dan mantenimiento al campo.

“El terreno de juego lo arreglan voluntarios y ahora resulta que siguen metiendo a los ‘Bukis’”, finalizó. (Fuente: Revista Puntual/Especial para Noticaribe)



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