Desde hace cuatro años, el japonés Mitzuo Iwama purga una condena de 27 años por haber descuartizado a su esposa en el 2002. Hace varias semanas un juez ordenó la reposición de todo el proceso. Mitzuo Iwama, se declara inocente, y asegura en su precario inglés “I did’nt kill her”. Pide a las autoridades que investiguen nuevamente el caso, y asevera que su mujer está viva y que fingió su muerte para cobrar un seguro.Desde hace cuatro años, el japonés Mitzuo Iwama purga una condena de 27 años por haber asesinado a su esposa, en el 2002. El empresario japonés abandonó el país del Sol naciente y decidió residir en México al lado de Mariana, una mujer varias décadas más joven que él. Según los datos que en esos años se hicieron públicos, el ahora preso mató a su esposa por celos, y la descuartizó con cortes perfectos que convirtieron el cuerpo de la joven en un montón de retazos de huesos y sangre. Hace varias semanas, un juez ordenó la reposición de todo el proceso, tras analizar una apelación interpuesta por el abogado de oficio.
Sergio Humberto López Cameje, director de prevención y readaptación social, consideró que “en su momento el caso se dramatizó” y ahora nuevamente se tendrán que presentar todas las pruebas. Mitzuo Iwama, se declara inocente, el hombre de 63 años accedió a hablar con este medio y asegura en su precario inglés “I did’nt kill her”. Pide a las autoridades que investiguen nuevamente el caso, y asevera que su mujer está viva, que fingió su muerte para cobrar un seguro, y que el cuerpo, “nunca lo reconocieron”.
El crimen
Playa del Carmen condensa en sus historiales de nota roja varios episodios que ya se reservaron un lugar en la memoria de sus habitantes y sus cronistas, junto al multireferido caso de Gumaro de Dios, “El caníbal”, se sitúa el de Mitzuo Iwama. Vestido impecablemente de manta blanca, acicalado como si esperara alguna visita, Mitzuo Iwama es llamado al despacho del director de la cárcel municipal de la Riviera Maya, él es uno de los casi 20 homicidas que cohabitan en esta prisión. Acepta ser entrevistado, quizá con el deseo de sacudirse el tedio o de tener algún contacto con el exterior. A él nadie lo visita y aquí, no tiene amigos afirma.
Con 64 años a cuestas la prisión no parece haberlo dominado, luce fuerte; son los japoneses los hombres más longevos del mundo, seguramente Mitzuo es uno de ellos. De complexión delgada y de estatura baja, hay en él una combinación de fragilidad y fortaleza. No habla español y su inglés es, como el de los orientales, muy oriental.
Mariana, su esposa, fue encontrada en un predio a aproximadamente 25 kilómetros de Playa del Carmen, la mujer, cercenada por las articulaciones (el cuerpo tiene 360 articulaciones), fue hallada metida en varias bolsas negras. En el departamento que la pareja compartía no quedaron rastros de sangre, y el japonés insiste en que no se comprobó que el cuerpo correspondiera a su esposa. Sin embargo, quedó consignado en el expediente que la madre de la occisa reconoció el cuerpo por la marca de ropa que utilizaba y por un botón que correspondía a la vestimenta que la chica portaba cuando fue vista por última vez.
La historia y lo que sigue
En Japón, él era empresario y ella bailarina; en México, ambos trabajaban en una conocida empresa de joyería, y, de acuerdo a las versiones asentadas el año del homicidio, fueron los celos el motivo del crimen, pues ella salía con un libanés.
Mitzuo Iwama, insiste en que el cuerpo no fue reconocido, y asevera que ni siquiera se pudo comprobar que las bolsas encontradas correspondían a una persona del sexo femenino. También niega haberse declarado confeso, y tiene esperanza en la reposición del proceso: “tengo que probar que soy inocente, pero no sé cómo probarlo”, declara.
Luego de cuatro años en prisión, su único deseo es estar libre, “sí me gustaría regresar a Japón pero antes tengo que resolver mi situación aquí”, dice. Si recuperara su libertad, no sabe qué le gustaría hacer con la vida que le queda: “es una pregunta difícil de resolver, porque ya llevo aquí un tiempo largo, tengo la mente atrapada aquí”.
En este segundo episodio, Mitzuo Iwama, quien tiene defensor de oficio, pide que se investigue una nueva vertiente, un supuesto seguro de vida que su esposa tenía: “creo que ella está viva, algunas personas dicen que la han visto caminando con otra persona, no sé si es cierto, tendría que verla, pero pido que investiguen, yo no la mate”, reitera.
Frío, en momentos el japonés parece fingir no entender los cuestionamientos; difícil de creer que un hombre que se confiesa amante de la lectura, en varios años no haya aprendido español y no haya mejorado su inglés, lo único que refiere en español es la palabra abogado.
No amaba a su esposa, afirma; no fue un crimen pasional, como se dijo en su momento, “me casé con ella porque quería a mi hija, teníamos una hija”. A la pregunta, ¿se volvería a casar?. Contesta sin dudar que no. “No tengo muchos sueños, solo quiero tener una vida normal, tengo miedo de volverme a casar, soy muy grande tengo 63 años”.