A unos días de que se cumpla el primer aniversario del crimen de la pareja de canadienses, las investigaciones están como al principio.Desde que Domenic y Nancy Ianiero fueron asesinados entre la noche del 19 y la madrugada del 20 de febrero del 2006, mucha tinta ha corrido, pero es la sangre derramada que dejó esta pareja de ítalo-canadienses en el interior de la habitación del hotel Barceló Maya Beach la que sigue agraviando a toda una comunidad y es fuente continúa de mala imagen para el destino porque el crimen sigue irresuelto e impune.
Hoy por hoy, el caso Ianiero es una referencia constante en la prensa del país de la hoja de maple de todas las informaciones periodísticas que tienen que ver canadienses heridos o muertos en México bajo distintas circunstancias.
Así las cosas, el 8 de enero del 2007, Adam DePrisco, un muchacho de 19, residente de Woodbridge, la misma localidad de donde provenían los Ianiero, y también de raíces italianas, murió en un hospital en Acapulco, tras aparentemente ser arrollado por un vehículo en circunstancias poco claras.
Sin embargo, la versión oficial de que se trató de un accidente no fue aceptada por los familiares, quienes pidieron una nueva autopsia que determinaría que el muchacho podría haber sido asesinado como consecuencia de un incidente en un club nocturno.
¿Qué tan cerca está este hecho del crimen de los Ianiero? Quizá demasiado. En su funeral en Woodbridge, estuvo presente el hijo de los Ianiero, Anthony, quien aprovechó la ocasión para fustigar a las autoridades mexicanas por la falta de solución en el asesinato de sus padres.
Unos días después, el 18 de enero, un hombre de 67 años, Clifford Glasier, originario de Grand Bend, en la provincia de Ontario, murió y su esposa Janette Lerch, de 54 años, resultó herida en un incidente vehicular cuando vacacionaban en Guadalajara.
Aunque se trató de un accidente, el hecho fue retomado por la prensa canadiense y nuevamente relacionando el hecho con el caso Ianiero para remarcar un aparente problema de inseguridad en México.
Y por si no fuera suficiente, el 4 de febrero, otra pareja de turistas canadienses residentes en Woodbridge, resultó herida durante un supuesto tiroteo cuando se encontraban hospedados en el hotel Casa Inn, nuevamente en Acapulco.
Las víctimas, que fueron atendidas en un hospital local, fueron identificadas como Rita Calara, de 55 años, y Yoyo Manela, de 73 años.
Las coincidencias en torno a estos crímenes, como el hecho de que los Ianiero, Adam DePrisco y esta última pareja hayan sido residentes de Woodbridge, sólo han servido para que estos casos de violencia y accidentes en los que se han visto involucrados ciudadanos canadienses tengan más resonancia en la prensa de aquel país, y refuercen las voces que dicen que México no es seguro y que habría que promover una alerta para no viajar.
Aunque en el caso de Quintana Roo, la mucha mala publicidad que se ha generado en Canadá tras la muerte de los Ianiero no ha afectado el flujo de turistas provenientes de ese país, según datos del Fideicomiso para la Promoción de la Riviera Maya, en Acapulco sí se tienen reportes de que algunas aerolíneas charteras han suspendido vuelos porque los canadienses están dejando de viajar hacia ese destino impulsados por la información que se difunde en los medios.
Al cumplirse un año del asesinato, el caso se ha vuelto en la referencia por defecto cuando en la prensa canadiense se habla de los problemas de inseguridad de México en general y, el complicado enredo en que se convirtió la investigación por el pésimo manejo de la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo, es también el ejemplo que se usa para hablar de corrupción, impunidad e ineficiencia de las autoridades mexicanas.
Y es que como se recordará, apenas 24 horas después de que Domenic y Nancy Ianeiro fueron degollados y su sangre aún no se secaba, el procurador Bello Melchor hizo una protagónica aparición en el lugar del crimen para declarar, sin aportar prueba alguna y sin que se hubiesen realizado aún las pruebas periciales de rigor, que el caso ya estaba casi resuelto porque ya tenían identificadas a dos sospechosas.
El crimen, dado lo inusual y sanguinario, por supuesto, llegó a las primeras planas de la prensa canadiense, pero debido a declaraciones como ésta y a otras más que le siguieron, que dejaron ver la inexperiencia y el desaseo en la forma de conducir una investigación, el impacto del crimen se multiplicó por diez haciendo más patéticos y evidentes los errores y desaciertos de la justicia en Quintana Roo.
Los hechos
Domenic Ianeiro, un próspero agente de bienes raíces perteneciente a una comunidad de personas de origen italiano residente en Woodbridge, al noroeste de Toronto, en la provincia de Notario, y su esposa Nancy Ianeiro, habían llegado a la Riviera Maya el 18 de febrero como parte de un grupo de amigos y familiares para celebrar la boda de una de sus hijas
De manera aparentemente inexplicable, alguien entró a su habitación entre la noche del 19 y las primeras horas de la madrugada del 20 de febrero y, de forma precisa y profesional, los degolló a ambos de un solo tajo, dejando sus cuerpos tirados en grandes charcos de sangre, sin que hasta hoy se haya encontrada el arma homicida o se tengan mayores pistas de los criminales.
Aún así, el procurador Bello Melchor no dudó en señalar casi de inmediato como sospechosas a dos mujeres, Kimberly Kim y Cheryl Everall, las cuales estuvieron hospedadas en una habitación contigua a la escena del crimen y donde supuestamente se encontraron rastros de sangre.
Sin embargo, cuando apenas el cadáver de la pareja era descubierto, las dos mujeres ya estaban camino al aeropuerto de Cancún, desde donde inmediatamente volaron hacia Canadá con la coartada irrefutable del fin de sus vacaciones.
La investigación desaseada y las fotos del crimen
Si algo tenían que ver en el crimen o no estas mujeres, quizá no se sepa porque el protagonismo y los desaciertos del procurador provocó una ola de reacciones en contra que permitieron que las dos mujeres salieran a los medios con una mejor estrategia de comunicación y se colocaran ante la opinión pública como los “chivos expiatorios” de un crimen que a las autoridades de Quintana Roo les interesaba resolver lo más rápido posible para no afectar la actividad turística.
La prensa y la sociedad canadiense les cobijo porque, en primer lugar, días después la propia Procuraduría de Justicia de Quintana Roo hubo de reconocer que no tenía ninguna prueba contundente contra ellas y que solamente eran consideradas sospechosas por evidencia que podría considerarse circunstancial.
Al menos media docena de reporteros canadienses llegaron a Playa del Carmen en esos días para cubrir los detalles del crimen, pero entre más se adentraban en el caso, y más portazos recibía por parte de las autoridades (el procurador los plantó en dos ocasiones claves cuando ya había convocado a ruedas de prensa), más difundían los yerros de una investigación bastante desaseada que nada aclaró y sí enredó todo lo demás.
El hermetismo con que se manejó desde un principio el caso, por un lado, y los rumores que se dejaron crecer y las declaraciones disparatadas, por el otro, crearon el caldo de cultivo para que el crimen de los Ianiero trascendiera el ámbito de lo policiaco, y se colocará dentro de la esfera de lo político y hasta de lo diplomático, ya que a un mes del asesinato, ya hasta el presidente de México, Vicente Fox , y el primer de Canadá, habían declarado sobre el asunto.
Por ello, cuando el 30 de marzo del 2006, justo horas antes del arribo a Cancún del primer ministro de Canadá, Stephen Harper, para participar en la cumbre con los presidentes de Estados Unidos y México, el periódico Quequi publicó fotos inéditas y estremecedoras del matrimonio de canadienses asesinado, se generó una gran ola de reacciones que sirvió para romper la inercia del silencio promovida por las autoridades mexicanas.
Kimberly Kim y Cheryl Everall, las dos sospechosas del crimen, aparecieron al día siguiente en la prensa para pedir al mandatario canadiense para que intervenga en su favor ante el presidente Vicente Fox y se les exonere.
Mientras, la prensa canadiense, con ayuda de peritos y citando a fuentes policiacas, analizó las fotografías publicadas por el Quequi y concluyeron que los cuerpos fueron movidos y que la investigación de la Procuraduría de Quintana Roo “es un desastre”.
Al final de la cumbre de presidentes en Cancún, el ministro Harper hubo de ofrecer absoluta cooperación entre México y Canadá para resolver el asesinato de turistas.
La familia Ianeiro, que ya para esos días había contratado al abogado Edward Greenspan, también criticó en una rueda de prensa la intervención en la investigación del presidente Fox, señalando una larga lista errores e inconsistencias en el caso.
Los desaciertos del procurador
De acuerdo con reportes estadísticos del Fideicomiso para la Promoción Turística de la Riviera Maya, durante el año pasado, con un total de 434 mil 543 turistas, el mercado de Canadá creció un 45.6 por ciento con respecto al 2005, cuando la afluencia fue de 298 mil 460 visitantes, y un 31.1 por ciento más en comparación con el 2004, cuando ya se había logrado la marca de los 331 mil 562 turistas.
De esta forma, pese a la mala publicidad recibida, Canadá se consolidó en el 2006 como el segundo país que más turistas envía a este destino, sólo superado por Estados Unidos que el año pasado aportó un millón 168 mil 712 visitantes, para copar el 44.12 por ciento del mercado, y el tercero si se considera a los países de Europa como una entidad única que representaron 740 mil 270 viajeros.
Por meses, fue enero del 2006 cuando más turistas canadienses llegaron a la Riviera Maya, con 72 mil 611, lo que en su momento representó el 32.40 por ciento del total de visitantes.
Durante el mes de febrero, precisamente cuando fueron muertos los Ianiero, la Riviera Maya fue visita por 65 mil 422 turistas, pero el crimen en sí, pese a la amplia publicidad que tuvo, no pareció desmotivar a los canadienses a viajar a la Riviera Maya porque en marzo llegaron un poco más: 67 mil 285.
Los siguientes meses, la afluencia de canadienses disminuyó, pero por causas que se consideran normales, ya que son los primeros meses del año cuando llega el mayor número de turistas del país de la hoja de Maple que vienen huyendo del frío, hasta llegar al mes de setiembre, cuando se registró el menor número de visitantes con diez mil 786.
Sin embargo, a partir de noviembre, la afluencia de turistas canadienses, conforme se acercaba la temporada invernal, empezó a aumentar de nueva cuenta y en diciembre del 2006, la Riviera Maya fue visitada por más de 53 mil turistas.
En este punto hay que precisar que fue hasta fines del año pasado y principio del 2007 cuando de manera explícita se empezó a generar una campaña con más fuerza en la que se pedía el boicot de los turistas a México en lo general, y a la Riviera Maya, en lo particular, como consecuencia de la no solución del crimen de los Ianiero.
Pese a lo polémico que ha resultado este caso, el año pasado el hecho era percibido como un hecho aislado de inseguridad. A contracorriente de lo que ha ocurrido a partir de enero del 2007, cuando la muerte de otro ciudadano canadiense en Acapulco, y luego otro crimen en Guadalajara, ha hecho resaltar que el país arrastra un aparente problema de inseguridad.
No obstante, a diferencia de lo que está ocurriendo en Acapulco, donde el crimen de De Prisco ya ha provocado la cancelación de algunos vuelos de tour operadores canadienses como consecuencia de este hecho, en la Riviera Maya aún no se tienen reportes de cancelaciones de vuelos por motivos atribuibles al caso Ianiero.
De hecho, los números no mienten y fue en el 2006 cuando más turistas canadienses llegaron a la Riviera Maya en toda su historia.
Los familiares de Domenic y Nancy Ianiero se mostraron decepcionados de la investigación de las autoridades mexicanas y, en rueda de prensa, Tony Ianiero y su abogado Edward Greespan, calificaron a Bello Melchor Rodríguez de "hostil, insensible y arrogante".
En junio, el procurador volvió a hacer declaraciones polémicas, cuando afirmó que un ex agente de seguridad del hotel Barceló, Blas Ismael Delgado, señalado por la familia de los Ianiero como posible sospechoso, sí trabajó en el Ejército Mexicano y en Seguridad Pública estatal, pero dijo que eso no era de trascendencia para el caso, y que este sujeto no era acusado.
Pero si la versión de Melchor Rodríguez levantó ámpula, cuando a mediados de octubre, en declaraciones a la prensa, la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo descartó de forma definitiva que Blas Delgado Fajardo hubiera sido el autor material del crimen de Domenic y Nancy Ianiero, se generó otra gran polémica.
Bello Melchor Rodríguez dijo en esa ocasión que un examen del ADN de los cabellos encontrados en una de las manos de las víctimas, producto al parecer de un jaloneo previo a la muerte, revelaba que Delgado Fajardo no participó en el crimen, al menos de manera directa.
Blas Delgado Fajardo, un ex agente de seguridad del hotel que desde el día del crimen está desaparecido, ha sido señalado como sospechoso precisamente por esta circunstancia que ha impedido presentarlo ante las autoridades para que rinda su declaración, ya que al parecer viajó a Estados Unidos en calidad de ilegal.
Sin embargo, el procurador explicó que como no lo han hallado, enviaron una muestra del cabello de la madre de Blas Delgado a las autoridades canadienses, para que se le practicara una prueba de ADN y que ésta fuera comparada con la que ya existía de los cabellos encontrados en la mano de Nancy Ianiero.
Aseguró que la prueba fue negativa y dijo que hasta la policía canadiense ya descartó totalmente que Blas Delgado haya sido el autor material del crimen.
“Con este hecho es claro que las autoridades de Canadá se han dado cuenta que no es esta persona”, dijo el procurador.
“A lo mejor (Blas Delgado) haya participado en alguna ayuda, en algún auxilio, pero no de manera directa, (por lo que) siguen siendo sospechosos las personas de Canadá”.
La mala publicidad
A principios de diciembre, el procurador volvió a hacer tronantes declaraciones que causaron una nueva controversia en la prensa canadiense.
“En el caso de los Ianiero la Procuraduría ya ha hecho todo su trabajo, no puede hacer ya más”, dijo Bello Melchor, quien dijo que ya solo restaba que las autoridades canadienses hicieran su parte para completar las investigaciones.
“Nosotros hemos hecho todo lo que teníamos que hacer, todo lo que falta es la investigación de aproximadamente 40 personas que estaban en ese grupo, que son canadienses, que todas se regresaron y que no han (sido) sometidas a investigación”, anotó.
Las declaraciones del procurador causaron revuelo en Canadá y unos días después el propio abogado de los Ianiero, Edward Greenspan, convocó a una rueda de prensa para advertir que pese a lo dicho por el funcionario quintanarroense, las investigaciones estaban muy lejos de llegar a su fin, al tiempo que señaló que el único camino para empezar a resolver este crimen era remover a Bello Melchor porque se había vuelto un obstáculo para avanzar en el caso.
En rueda de prensa realizada en la ciudad de Toronto, Canadá, el abogado se mostró furioso contra el procurador, lo acusó de interferir con las pruebas e insistió en que no tiene razón al dar por concluida su parte en la investigación cuando todavía quedan muchos cabos sueltos.
Dijo que Bello Melchor ha provocado una gran confusión al pretender limpiar de cualquier sospecha a Blas Delgado Fajardo, un guardia de seguridad del hotel Barceló que desde el día del crimen está desaparecido, basado solamente en una supuesta prueba de ADN tomada del cabello de Aurora Fajardo Torres, la madre de este sujeto, y que fue comparada con un cabello hallado en una de las manos de la señora Ianiero y que, de acuerdo a las pruebas, resultó ser de ella misma.
Greenspan pidió entonces a las autoridades locales de Canadá involucrarse en la investigación y solicitó al Ministro de Justicia de ese país, Vic Toews, que presione a su contraparte en México para profundizar en las investigaciones.
El abogado dijo que se tendrían que recabarse más pruebas para integrar al expediente antes de dar por concluidas las pesquisas.
Entre ellas, enlistó que es necesario que las autoridades obtengan una declaración y una fotografía decente de Blas Delgado Fajardo, del que sólo se ha dicho que se encuentra en algún lugar de Estados Unidos y que, para él, continúa siendo el principal sospechoso.
También pidió una declaración de los amigos y de la madre de Delgado porque hasta ahora la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo no los ha requerido.
Además, consideró necesario solicitar a las autoridades de Estados Unidos y Canadá, que se investigue si este sujeto se encuentra en sus propios países y que se chequen las llamadas telefónicas que Blas Delgado haya hecho en la fecha del crimen o posteriormente.
Señaló que también se debe integrar una lista de cada uno de los trabajadores del hotel durante el día del crimen, entre otras evidencias que deberían ser recabadas por las autoridades mexicanas antes de dar por cerrada la investigación.
El procurador general de Quintana Roo no puede cerrar una investigación hasta que toda la investigación y la evidencia haya sido completada”, dijo. “Esta investigación está muy lejos de terminar…”
La solicitud de una “alerta de viaje”
A mediados de diciembre, Cheryl Everall y Kimberly Kim, las dos mujeres señaladas como sospechosas del crimen, también aprovecharon las desafortunadas declaraciones del procurador Bello Melchor para reaparecer en los medios de comunicación para pedir al primer ministro canadiense que declarara a Cancún y a la Rivera Maya como lugares peligrosos.
Las noticias de esos días fueron olímpicamente ignoradas por las autoridades de Quintana Roo, y aún por la prensa, pero cuando apenas estaba empezando el año las dos mujeres dieron a conocer que habían creado una página en internet (www.mexicoinjustice.ca) para exponer su caso y denunciar el nulo avance y la poca seriedad de las investigaciones, haciendo de nueva cuenta un llamado para no viajar a México, entonces sí que hubo una reacción de las autoridades, aunque buscando minimizar y descalificar el hecho.
El procurador Bello Melchor dijo que las mujeres, hicieran lo que hicieran, seguirían siendo sospechosas del crimen, en tanto no se probara que efectivamente ellas nada tuvieron que ver en estos hechos de sangre.
Si después de diez meses aún continúan como sospechosas es porque se han negado a someterse a pruebas periciales a través de la colaboración de las autoridades canadienses, explicó el procurador.
Por su parte, el gobernador Félix González Canto minimizó la afectación a la imagen turística del estado por la campaña que iniciaron contra el destino las dos mujeres canadienses y agregó:
“Nosotros estamos muy atentos, por ejemplo, de la página del Consulado norteamericano, ahí no hay una nota mala al respecto y por supuesto que hay competidores, hay otros destinos y otras áreas que ven a Quintana Roo como una fuerte competencia en el Caribe y aprovechan los medios para hacer mala publicidad, pero afortunadamente somos un destino como Estado, hablando de Cancún, de la Riviera Maya, de Cozumel, muy consolidado y esas cuestiones, de ninguna manera afectan la afluencia turística y de ninguna manera afectan el gran nombre que tiene Quintana Roo en el mundo”.
Sin embargo, una serie de desafortunadazos accidentes e incidentes de violencia en los que se han visto involucrados otros ciudadanos canadienses en otros destinos del país han sido la causa de que el caso Ianiero, para contrariedad de las autoridades quintanarroenses que preferirían que el crimen se olvidara, se mantenga vigente, así como el reclamo de justicia de sus familiares.
Hoy, al cumplirse un año del asesinato, el caso sigue impune y eso es un hecho irrefutable que sigue causando agravios. (Noticaribe)