Un bolso de mujer puede ser un artículo peligroso. Le caben tantas cosas en su interior que no somos pocos los que sentimos un reverencial respeto por las sorpresas que de él puedan salir. Yo no me atrevería a hurgar en uno de ellos sin temer consecuencias funestas. Un bolso de mujer puede ocultar desde lo trivial y mundano hasta los aciagos polvos de la coquetería femenina y la pegajosa sustancia de lo prohibido capaz de tentar hasta a los más castos y puros. Parece mentira, pero en estos días, un bolso de mujer está provocando más de un entuerto y, en su irremediable encadenamiento de hechos, ya hizo resbalar hasta al propio alcalde de Solidaridad. Todo un espectáculo.
Un bolso de mujer, y más si se trata de uno que fue sustraído del interior del auto de una reportera, sin duda, es algo de cuidado. Esta es la historia.
El bolso o la mañana de las tentaciones
Todo empezó la mañana del 13 de mayo, cuando la reportera Fabiola Cortés, corresponsal en Playa del Carmen del periódico Novedades de Quintana Roo, coincidió en un café con algunos colegas y dos funcionarios de la Coordinación de Comunicación Social del Ayuntamiento de Solidaridad, Raúl Lizárraga y el argentino Gustavo Ferrari. El primero funge como director administrativo y el segundo, se supone, como asesor de algo.
Fue la misma mañana señalada por un grupo de 21 reporteros para realizar una protesta pública ante el alcalde Carlos Joaquín González. Con pancartas y grabadoras caídas, durante la inauguración de las nuevas instalaciones de la Universidad La Salle, los comunicadores locales se quejaron de una serie de irregularidades que consideraban estaban ocurriendo precisamente en la oficina de Comunicación Social desde que hacía escasamente dos semanas había sido nombrada como responsable Haide Serrano, una colega que, me consta, llegó al puesto con muchas ganas de trabajar y muchos proyectos, pero que en su contra arrastra el hecho de tener poco tiempo y pocos amigos en la plaza. Si a la nueva funcionaria esa circunstancia le pesaba en su ánimo, no lo sabemos, pero un hecho real es que en su presentación misma no fue bien recibida por buena parte del gremio periodístico y ni el propio alcalde parecía muy convencido de su decisión porque no le expresó todo el respaldo que el cargo debe tener. Algo así cala. Forma es fondo, dicen que decía Reyes Heroles.
Los siguientes no fueron buenos días. Para no afligirlos con detalles, sólo diré que la relación entre la prensa y la funcionaria se deterioró con rapidez. Malos tratos, prepotencia, falta de tacto y hasta la aparición de panfletos en la pizarra de esa oficina eran sólo algunas de las quejas que finalmente desencadenaron la inusual manifestación de reporteros.
El caso es que esa mañana, previa a la protesta, Fabiola Cortés olvidó sobre la mesa del café las llaves de su auto. Cosa de caminar una cuadra para darse cuenta que no las traía consigo para regresar al café y recuperarlas. Allí se habían quedado los dos funcionarios de Comunicación Social, pero las llaves no estaban. Raúl Lizárraga y Gustavo Ferrari dijeron no haberlas visto. No se encontraron. Desaparecieron. El auto se quedó estacionado y la reportera tuvo que trasladarse por otra vía a la protesta. Luego, se dijo, regresaría por el auto porque sabía que tenía un duplicado en su casa.
Pero ya no hubo necesidad porque varias horas después, la directora de Comunicación Social, Haide Serrano, se comunicó con Fabiola Cortés para avisarle que sus llaves habían aparecido. Que alguien se las había entregado junto con su bolso. Lo raro era que el bolso nunca fue olvidado, ya que la reportera lo dejó en el interior del auto cuando fue al café. Es decir, quien “encontró” sus llaves conocía su auto y lo abrió porque sólo así pudo haber sacado el bolso. Aunque nada faltaba, es de suponer que el bolso fue registrado, si no cuál era el objeto de moverlo, de sacarlo del carro. Sólo para que quedara constancia de que el auto y sus derechos habían sido vulnerados, no se sabe con qué fin, Fabiola Cortés interpuso esa misma noche una demanda ante el Ministerio Público por hechos probablemente constitutivos de delitos. En su denuncia, sin culparlos, se menciona directamente a Raúl Lizárraga y a Gustavo Ferrari porque fueron los únicos que se quedaron en la mesa del café cuando las llaves fueron olvidadas. Una demanda de trámite casi sin esperar que los hechos fueran investigados, pero al menos para dejar el antecedente. En estos tiempos uno nunca sabe…
La justicia a veces es rápida
Podría pensarse que es cuento, pero la demanda no fue archivada. Quién iba a decir, además, que la Procuraduría de Justicia del estado, que encabeza el inefable Bello Melchor Rodríguez, pareciera interesada en desahogar la denuncia porque la mañana del martes 30 de mayo envió a dos de sus agentes, todo un lujo, al Palacio Municipal para realizar los interrogatorios informales a los involucrados. Nada de cuidado. Nada para temer. Todo por un bolso que apareció donde no debía.
La coordinadora de Comunicación Social recibió a los agentes en su privado, que se encuentra a un paso del espacio común donde muchos reporteros leen periódicos, envían avances a sus medios e intercambian tips. Los judiciales sólo estaban interesados en saber cómo y quién le había hecho llegar el bolso a sus manos, ya que en la denuncia se le menciona como la persona que entregó el bolso y las llaves del auto aunque no estaba presente cuando las llaves desaparecieron. Todo normal, puro trámite, pues.
Pero una camarógrafa del Canal 10 de Cablemas, avispada ella, advirtió la escena y empezó a filmar. Este hecho irritó sobremanera a la nueva funcionaria que le reclamó y le exigió dejara de grabar porque allí no se podía. Así nomás: no se podía. Hubo un intercambio de reclamos. Pero el exabrupto no terminó allí y Haide Serrano amenazó con que se iba a encargar de que esas imágenes no salieran a la luz pública. Al menos así fueron contados los hechos por los reporteros de Canal 10 que, por supuesto, no se sintieron amedrentados, transmitieron las imágenes y dieron cuenta del enojo de la comunicóloga con un tono quizá demasiado editorializado, pero no deshonesto. Ese día, “hubo nota” para comentar en el café. Hasta ahí.
Un alcalde entre enaguas
Sin embargo, el alcalde Carlos Joaquín, quien no debe estar muy enterado de lo que está ocurriendo ni debe saber que todo empezó por un bolso de mujer, se metió en un asunto de enaguas, sólo para resbalar. Compró un pleito que no le tocaba y sólo perdió nivel y compostura.
Ayer miércoles 31 de mayo, pudimos saber de buena fuente, que Joaquín González tomó el teléfono y le habló directamente al ingeniero Toledo, dueño del Canal 10, para reclamarle la actitud de sus reporteros. Acaso no se había dado cuenta que éstos habían caído en el juego perverso del ex alcalde Miguel Ramón Martín Azueta para desestabilizar la oficina de comunicación Social y poder colocar a alguien de su grupo, dicen que le dijo. Y por si no fuera poco, el presidente municipal, hijo de don Nassin Joaquín y hermano del candidato al Senado, Pedro Joaquín Coldwell, perdiendo la sobriedad, le advirtió que con la transmisión de esa información se habían pasado de la raya y que el Ayuntamiento estaba pensando en demandarlos por difamación.
“Sería muy interesante que el presidente municipal de Solidaridad demande al Canal 10”, le respondió Toledo sin perder aplomo.
Pero la verdad no creemos que la sangre llegue al río. Tampoco creemos que el alcalde, objetivamente, piense que Miguel Ramón, quien debe estar riéndose de que lo crean más malo que Salinas, esté detrás de las quejas de los reporteros que no buscan otra cosa que trato digno y respeto. Además, si fuera tanta la desconfianza contra el ex alcalde, por qué Carlos se presenta con Miguel como los grandes amigos. No en balde los dos son cozumeleños. Además, le ha permitido conservar dentro del Ayuntamiento importantes posiciones, entre ellas la Secretaría General y la Oficialía, sólo por mencionar dos.
Es probable que el alcalde sólo quisiera espantar al ingeniero Toledo con el petate del muerto con una denuncia de este tipo, quizá un poco molesto porque Canal 10, además de Noticaribe, fue el único que difundió la información de la protesta de los reporteros del 13 de mayo. Pero nada más. No la va a presentar. Sería una torpeza. Del dicho al hecho hay siempre mucho trecho.
¿O acaso es posible que Carlos Joaquín sólo esté mal asesorado y nadie le haya hecho ver que la difamación es una figura arcaica, luego de que a nivel federal el Congreso la abrogó del Código Penal y ya sólo resta que los estados, incluyendo Quintana Roo, se pongan de acuerdo para despenalizar la difamación en sus respectivos códigos y ya no se use esta arma para tratar de acallar a la prensa? Mal se vería el edil poniendo una demanda por difamación contra una canal de noticias a una semana de que se celebre el Día de la Libertad de Expresión.
Como quiera que sea, qué poca seriedad, qué mal ejemplo… Y todo por un bolso de mujer.