Noticaribe







Turbosina y desinformación


Oct
23
2006

El proyecto de la Naviera Armamex para construir una terminal de almacenamiento para hasta cien mil barriles de turbosina en Puerto Morelos para abastecer al aeropuerto de Cancún se ha convertido en una de las últimas polémicas que salpican de tinta los días soleados del Caribe.

Los detalles del proyecto los dimos a conocer aquí, en Noticaribe, donde le hemos dado voz a representantes de Puerto Morelos, que se oponen a esta obra por considerar que es un peligro a su seguridad y a la imagen del destino, y a Armamex, que a través de un ejecutivo, explicó el porqué no se debería echar en saco roto la posibilidad de que Quintana Roo cuente con un abasto seguro y a bajo costo de combustible para alimentar el voraz desarrollo turístico.

Es un proyecto estratégico y necesario, advirtió José Calderón Ojeda, director de Asuntos Internacionales de Armamex. Y claro, también es un negocio.

No en balde, hace tres años, con algunas variantes importantes, la empresa Oiltanking pretendió también construir una terminal de almacenamiento en Puerto Morelos, pero el proyecto, sometido a un proceso de consulta pública, fue rechazado por la comunidad.

La Semarnat, en ese entonces, también decidió no autorizar los permisos en base a criterios ambientales que en este caso no están presentes: Oiltanking quería dragar el canal de navegación, pero más allá de quitar la famosa roca que lo obstruye, necesitaba ampliarlo mucho más para permitir la entrada de sus enormes buques-tanque con capacidad de 45 mil barriles. La dependencia federal no aceptó el proyecto, no tanto por las quejas poco fundamentadas de los pobladores, sino por la certeza de que este dragado sí afectaría el Parque Marino.

Sin embargo, se haga o no se haga este proyecto, la turbosina es y seguirá siendo un negocio, ya sea para unos o para otros. Siempre hay alguien que gana y alguien que pierde.

¿De qué lado estamos nosotros? ¿En dónde queda Quintana Roo? ¿Es justo poner en riesgo el Parque Marino de Puerto Morelos y afectar la imagen turística de un destino por un proyecto de desarrollo estratégico? ¿Se vale tener miedo y dudar? Claro que se vale, si lo que está en juego es el futuro, pero no por eso hay que apostarle a cancelar el debate a golpe de periodicazos.

¿Hasta cuando se seguirá pagando el sobreprecio de la turbosina que abastece al aeropuerto de Cancún y que es lo que provoca que el costo de viajar en avión desde aquí o hacia aquí sea mucho más caro que hacia otros destinos? ¿Es válido quejarse de una terminal de almacenamiento de combustible que abaratará costos y, al mismo tiempo, de que los hoteles de Puerto Morelos no tengan turistas cuando cada vez habrá menos viajeros hacia esta zona porque Cancún está perdiendo competitividad? ¿Quién tiene la verdad? ¿Quién la dice?

Eso es lo que está a debate, a consulta pública. Pero para usar una figura de juego, el problema es que no todas las cartas están sobre la mesa y ha empezado a haber mucho, mucho ruido.

Intereses económicos en juego

¿A quién le interesa que el proyecto de Armamex, avalado por Petróleos Mexicanos, no se haga? Bueno, en una primera instancia podemos decir que a muchos de los pobladores y empresarios hoteleros de la localidad, que ante la falta de información precisa sobre este tema, temen que el proyecto de las terminales de almacenamiento sea peligroso o cree mala imagen a este destino turístico, tan malquerido por las autoridades federales, estatales y municipales. Están en su derecho, pues están cuidando su patrimonio y quieren comprometerse con su propia comunidad.

Sin embargo, a quien definitivamente no le conviene que este proyecto sea autorizado es a los piperos y a quienes controlan este negocio millonario del trasiego de combustibles por carretera y que son los que, en buena medida, mantienen inflados los precios de la turbosina.

¿Sabía usted que el precio internacional de traslado de un barril de turbosina es de 2.5 dólares? Pues en Cancún se paga la turbosina más cara del mundo, ya que aquí el costo de cada barril de este combustible sube hasta siete dólares, en el caso de que ésta sea traído a través de Progreso, a 400 kilómetros de distancia por carretera. Porque si proviene de Coatzacoalcos, el precio es de nueve dólares, y hasta once dólares si es traído directamente de Pajaritos, ya que se tiene que recorrer mil kilómetros y eso cuesta.

Para surtir al estado, se usan un promedio de mil viajes de pipas cada mes. Cada viaje le deja un chofer una ganancia de por lo menos ocho mil pesos, libres de polvo y paja, y no queremos ni imaginarnos cuanto se queda el concesionario, quien por cierto es un poderoso propietario de gasolineras con sede en Yucatán y con amplios intereses y relaciones en el área, incluso en algunos medios de comunicación que han empezado a tomar la bandera del rechazo al proyecto, pero contando sólo una cara de la moneda.

Hoy, estos intereses, los legítimos y los personales, están entremezclados y se necesita tener mucha claridad para no perderse entre la desinformación y la ignorancia inducida.

Por ejemplo, en qué beneficia que el periódico Novedades de Quintana Roo maneje este día como nota de portada la información de que una embarcación de Armamex atracó el domingo en Puerto Morelos para descargar cemento. ¿Cuál es la noticia? Armamex, desde hace años llega cada semana con sus barcos y con el mismo cargamento de cemento y en Puerto Morelos todos lo saben. ¿Quién se dice ahora sorprendido?

Y hay más: Hace poco más de diez años, la misma empresa, Naviera Armamex, ya llegaba con esos mismos barcos, pero no cargando cemento, sino la misma turbosina que ahora es tan mal vista y en ese entonces nadie dijo nada y tampoco hubo ningún tipo de problema porque los barcos que usan son especiales para puertos de bajo calado, como el de Puerto Morelos. Y si dejaron de llegar con combustible fue porque, cuando no se tenía en cuenta el acelerado crecimiento de la zona, se tomó una decisión política de privilegiar al puerto de Progreso, Yucatán, y se dio la orden que allá se desembarcara todo.

El debate sobre la conveniencia o no de permitir la instalación de una terminal de almacenamiento de turbosina es demasiado importante para sabotearlo con el petate del muerto y con mala información.

Ya hay una consulta pública para ventilar pros y contras, pero es necesario que realice todavía una reunión pública de información para que se conozca el proyecto a detalle y la población exponga sus dudas y la empresa las aclare. Y si al final, la Semarnat toma la decisión de aprobar el proyecto o rechazarlo, que se tenga la certeza de que en cualquiera de los dos casos fue la mejor decisión en base a criterios técnicos y ambientales y a consensos de la comunidad, pero no por una campaña mediática movida por intereses oscuros, tratando de manipular eso que se ha dado en llamar la opinión pública.

No se vale la desinformación, ni la ignorancia en un tema tan importante para Quintana Roo. A nadie conviene porque al final todos pagaremos las consecuencias. Es una opinión.

Aire, falta aire.

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